Dice César García Magán, secretario de la Conferencia Episcopal española (CEE) y obispo auxiliar de Toledo que el Vaticano no ha firmado ningún acuerdo con el Gobierno sobre el Valle de los Caídos. Está muy bien que lo recuerde, porque ese es el problema. Sí, el Vaticano sí firmó un documento pero fiado -siempre me ha preocupado la descentralización de la Iglesia, el centralismo vaticano es mucho mejor- en que negociaba en su nombre, un tal don José Cobo.

Y fue Cobo -no muy ducho en derecho- al que el simple laboralista Félix Bolaños asimismo poco ducho en derecho eclesiástico, pero con muy mala leche, le inculcó la 'resignificación' -'palabro' estúpido y majadero- de la mismísima basílica pontificia, ya profanada por el manoseo de restos humanos del camposanto. Y cuando los benedictinos y el Vaticano se han querido dar cuenta, tal como adelantara Hispanidad, se han llevado las manos a la cabeza: pero ¿qué ha hecho usted, don José?

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Dicho de otra forma, el Vaticano, del que depende la Basílica del Valle de los Caídos, y a quien reporta el superior de los benedictinos, han aceptado el recurso de los monjes contra el acuerdo y ahora se espera que el Vaticano haga reflexionar a 'El Bolas'. Me temo que la única forma de solucionar esto sean los tribunales y por la vía de alegar las normas que regulan las relaciones entre la Iglesia y el Estado en España.

Insisto: monseñor Cobo tiene dos problemas: uno, que de derecho sabe tanto como yo de Vercingetorix. Otro, que le encanta pactar con la autoridad política, porque eso le proporciona un pedigrí de lo más progresista.

Y claro, la ha liado parda. Félix Bolaños, uno de nuestros peores ciudadanos, le ha tomado el pelo. Pero sí, Magán, sí, el Vaticano ha dado el visto bueno al acuerdo entre Bolaños y Cobo, ahora hay que desfacer el entuerto porque lo otro sería introducir, mejor, incrementar, con permiso del Vaticano y del arzobispo de Madrid, la profanación y el sacrilegio en una basílica pontificia.

No sé lo que va a pasar con el Valle: es muy posible que cuando pase este Gobierno el Valle vuelva a ser un lugar de concordia entre antiguos amigos donde, a la sombra de la cruz más grande del mundo, unos monjes encomienden las almas de los difuntos y la de los vivos. Pero, por favor aprendamos de los errores del pasado, que una cosa es ser inocente y otra ser ingenuo.