En los últimos días, Pedro Sánchez no dice ni mu sobre corrupción, la cual no sólo ha salpicado a su partido, sino también a su entorno familiar (en concreto, a su esposa, Begoña Gómez, y a su hermano, David Sánchez). Él prefiere dan consejos ante la ola de calor en Tik Tok.

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“Bebe agua, ponte crema, evita hacer deporte en el exterior…” son algunos de los consejos del presidente del Gobierno, lo que ha sido muy criticado, entre otros, por Santiago Abascal, líder de Vox.

Sánchez también ha preferido hablar de la economía española, así como la transición ecológica y digital, en lugar de pronunciarse por el hecho de que su esposa tendrá que entregar su pasaporte el miércoles 24, el mismo día que él comparecerá en el Congreso.

Y ojo, tampoco ha dicho nada sobre las condenas que han recibido el exministro José Luis Ábalos y el exasesor Koldo García, mientras al comisionista y empresario Víctor de Aldama se ha librado de la cárcel. Sánchez ha optado por hablar de dependencia y subrayar su deseo de mantenerse en el poder y no convocar elecciones. “A quienes se preguntan por qué este Gobierno quiere continuar pese a todas las dificultades y piedras en el camino, la respuesta es esta, para mejorar la vida de la gente, ampliar y consolidar derechos, para construir una España más justa y mejor”, ha subrayado.

En el entretanto, el rey Felipe VI está dejando algún que otro mensaje curioso que debe mirarse con lupa. Hace unos días, ante el primer partido de la Selección Española de Fútbol en el Mundial refirió: “Hombre, yo creo que es un partido asequible, en principio. Pero bueno, nunca se sabe porque los partidos siempre son fuente de sorpresas”. Ante la mirada del ministro Óscar López añadió: “Digo los partidos de fútbol”. Este martes, el Rey ha hecho un llamamiento a seguir confiando en la democracia y en su capacidad de consenso y cooperación, sobre todo en estos días “un tanto oscuros”, y ha animado a buscar consensos, que precisan de legitimidad, confianza y rendición de cuentas. ¿Casualidad? Por supuesto que no, y muchísimo menos si se recuerda al poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán Friedrich Schiller, quien defendía que las casualidades no existen.