Sr. Director:
El Padre y fundador de la Compañía de Jesús es el vasco-español más universal. Como su admirado y compañero Francisco Javier. El Divino Impaciente el navarro-español más universal, a los que narró y describió el gran José María Pemán, despreciado en estos duros tiempos de infamia y mentira de la contracultura woke.
El niño Ignacio fue siempre inquieto en la casa torre de Loyola (Azpeitia) en el valle que baña el río Urola transcurrieron sus primeros años. A los 15 años se marcha a Castilla a Arévalo, Ávila cuna de los más grandes místicos San Juan de la Cruz y Santa Teresa. Galán. Un soldado fue herido en Pamplona. Lo llevaron en camilla hasta su casa. Leyendo las vidas de los santos, Ignacio se convirtió en sus vanidades mundanas y guerreras. Se trasladó a Aránzazu donde inició sus primeros pasos hacia la santidad. Desde allí se marchó a Cataluña y en Manresa, se ejercitó en los actos de devoción piedad y ratificación. Y con la protección de Nuestra Señora escribió uno de los libros más revolucionarios de la historia el Libro de los Ejercicios Espirituales. A los 32 años peregrinó a Tierra Santa. Volvió a Barcelona, de peregrino. Cursó estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde fue condenado por predicar nuevas doctrinas. A los 27 años se marchó a París, donde convenció a seis compañeros de estudio para fundar la Compañía de Jesús. A los 47 años celebró su primera Santa Misa en Roma. Murió a sus 65 años, dejando en el mundo una obra que asusta a cualquiera por su inmensidad. Pocas figuras de la Contrarreforma Católica son comparables a la de Ignacio de Loyola. Su devoción al Vicario de Cristo y Nuestra Santa Madre la Iglesia jerárquica, brotan naturalmente de su apasionado amor al Redentor. “nuestro común Señor Jesucristo: Nuestro Sumo Pontífice, Cabeza y Esposo de la Iglesia. Sus Reglas para sentir con la Iglesia, serán siempre la piedra de toque para todo jesuita y para todo católico.