Además de San José de Calasanz, hoy, 25 de agosto se celebra la festividad litúrgica de Luis IX, es decir, San Luis de Francia

Probablemente el siglo XIII fuera el más importante de la historia católica de Europa, al menos en Francia, España, Reino Unido e Italia. Luis IX de Francia y Fernando III de Castilla fueron grandes gobernantes que llevaron la cultura y la ciencia del momento a la cumbre. Lógico: eran católicos consecuentes.

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Luis de Francia consiguió que Francia se convirtiera en uno de los bastiones de Europa, es decir, de la Cristiandad, en todos los campos. Protegió y admiró a su contemporáneo, Santo Tomás de Aquino. Recuerden la famosa anécdota: el Doctor Angélico estaba invitado a una cena del Rey, cuando exclamó: “Esto termina con los maniqueos”. Ya saben, el maniqueísmo, ese dualismo eterno: un dios bueno y un dios malo, barbaridad que ha sobrevivido hasta nuestros días, el mal y el bien, en paridad de estima, siempre en violenta batalla y siempre aprendiendo el uno del otro, dos caras de una misma moneda. 

Pues no. El ‘buey mudo’ pidió perdón a su Majestad por el aullido pero este hizo llamar a un escribano para que redactara el argumento hallado por la mente más brillante que vieron los tiempos: el mal no existe, el mal sólo es la ausencia de bien y sólo el bien es creativo

Y ojo, San Luis no era un intelectual o un místico. Era ambas cosas y, además, un rey que empuñaba la espada: fue hecho prisionero en la Séptima Cruzada pero su fracaso no le arredró para liderar la octava... sólo que la peste le mató en Túnez. 

Por cierto, era primo del único rey santo español: Fernando III el Santo. Eran hijos de dos hermanas: Blanca de Castilla y Berenguela de Castilla

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Que sí, no se empeñen: se puede ser rey y santo. Incluso presidente del Gobierno y santo, hoy también. Ocurre que ahora mismo no se me ocurre ningún ejemplo actual aspirante a la Santidad, ni en Francia, donde ya no hay monarquía, ni en España, donde sí que la hay. 

¿Pero eso no le quita fuerza al argumento, verdad? Habrá que insistir en hacer santo al mejor rey que ha tenido España: Isabel I de Castilla.

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