Cuando una persona descuida los detalles en su trabajo puede deberse a varias razones. Por ejemplo, porque esté agotada o porque ya está de vuelta de todo y le dé lo mismo.
Primero fue la foto del presidente haciendo que trabaja, en un despacho de La Mareta, sin piernas. Todo el mundo se dio cuenta enseguida y, sin embargo, La Moncloa ni ha rectificado ni ha explicado el motivo. ¿Será que Sánchez estaba en bañador y chanclas? Sea lo que fuere, señor presidente, dice mucho de usted el que no haya querido ponerse un pantalón y unos zapatos normales para la ocasión. Porque, ¿qué motivo hay para ocultar las piernas si uno va debidamente vestido?
El otro detalle: la recomendación de la novela de Lucía Solla, a la que Pedro cambia el apellido por Sollá. ¿Qué le habría costado repetir el vídeo? Pero a él le da lo mismo Sollá que Solla. Y si a alguien le importa es que es un fascista.
Parecen tonterías, pero al igual que en los detalles se esconden muchas cosas, como el amor hacia quien va dirigido el acto concreto o la profesionalidad de un empleado, el descuido de esos mismos detalles muestra lo contrario.
Pedro está de vacaciones: no tiene que cocinar, ni ir a la compra, ni limpiar, ni planchar, ni ocuparse de los niños… ni siquiera tiene que preocuparse por el material de buceo o la zodiac, o por si gasta demasiado (La Mareta la pagamos entre todos los contribuyentes) y, sin embargo, no ha sido capaz de cuidar estos detalles. Algo va mal.
Todo esto sin olvidar lo más grave: Pedro disfruta de Lanzarote mientras una parte de España ha sido invadida.
