Óscar Puente es un bicho venenoso. Ha empleado los desastres naturales por ejemplo los de ese verano en Castilla-León para ensañarse con el presidente castellano, Mañueco. Ahora, el desastre le toca a él, con la tragedia ferroviaria de Adamuz del domingo o la del martes en Gélida y naturalmente los agraviados le recuerdan sus dentelladas al tiempo que los familiares de la víctimas estallan contra su prepotencia.
Entiéndase: no le responsabilizo de ser el culpable inmediato pero sí el primero, tanto en Cataluña como en Córdoba..
En Cataluña la causa puede estar en el mal tiempo, en Córdoba en la sobreexplotación de la infraestructura viaria, es decir, en la codicia... pública, no privada.
No, Óscar Puente debe dimitir porque es un mal bicho, porque él sí que ha asignado a sus adversarios, con insultos graves y sarcasmos retorcidos, los desastres que les han afectado.
Y también dimitir por su carácter de insultón chulesco y por hacernos comulgar con rueda de molinos como esa de que el ferrocarril vive un momento extraordinario o que su gestión es estupenda.
Sí, por todo esto ya debería haber presentado su dimisión: por venenoso, por chulo y por mentiroso Pero, miren por dónde, no se le espera en esa tesitura.