Con todo el ruido provocado por la invasión marroquí de Ceuta, estamos perdiendo el norte. La verdad primera es la que León XIV expresó durante su último viaje a África: emigrar es malo. El hombre es un árbol que vive de sus raíces y que debe crecer en su propio ambiente, con su propia familia, en su propio hogar y con sus propios medios, no emigrar a un universo desconocido donde tardará muchos años, aunque nadie se oponga, en no parecer un extraño.

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Emigrar es malo, lo bueno es que Occidente apoye a los países pobres en origen, para que dejen de ser pobres. Por resumir: hay que evitar que lleguen, hay que ayudar al que llega... y al que no llega. Hay que ayudar y, en su caso, liberar, generalmente del yugo de sus propios gobiernos corruptos, a los habitantes de los países pobres para que su gente no tenga que emigrar y que sólo tenga que viajar por turismo.

Como los árboles, las hojas deben cambiar, las raíces jamás.