Francia no ha movilizado a Europa para apoyar a Estados Unidos en su lucha contra la tiranía islámica de Irán. Y debiera haberlo hecho, y sin duda se lo habría agradecido la oposición civil a la que los ayatolás masacran cada día. 

En Hispanidad hemos insistido en que la guerra de Estados Unidos contra Irán sería guerra justa si sirviera para aquello que se anunció: liberar a los iraníes del yugo chiíta de Teherán. Si no, no será guerra justa.

Pero Donald Trump calculó mal: Irán tiene un ejército criminal mucho más poderoso de lo que él pensaba... y son fanáticos que están dispuestos a destruir el mundo con tal de vencer. En todo caso, Europa, siempre cobarde desde hace más de medio siglo, ha decidido no apoyar a Estados Unidos.

El presidente francés, Emmanuel Macron, es otro narcisista pero de vez en cuando tiene buenas ideas. Por ejemplo, mientras Europa le decía a Pedro Sánchez que deje de incordiar con la ruptura diplomática de hecho, que pretende con Israel, Macron recibía en el Elíseo al primer ministro libanés, Nawaf Salam, un personaje de la Corte Penal Internacional y de la hoy procelosa tribu de Naciones Unidas. Un componente de lo que hoy llamamos derecho internacional (más internacional que derecho) y que tiene mucho que ver con la Internacional Progresista del reciente Aquelarre de Barcelona.

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Y digo que es bueno este apoyo de Macron a este personaje. Sí lo es. Primero porque hay que pararle los pies a Netanyahu, mucho más en el Líbano que en Irán. 

Ahora bien, mosquea y molesta que Salam que sabía a quién se dirigía, se comprometiera, en público, ante Macron, a controlar a Hezbolá, el grupo pro-iraní, tan fanáticos como los ayatolás, que se esconden detrás de los civiles libaneses, musulmanes y cristianos, para matar el mayor número posible de judíos.

Con todo respeto, señor Salam: ¿por qué no ha controlado ya a los asesinos de Hezbolá? ¿Por qué ha permitido que se enseñoreen de media ciudad de Beirut y que amenacen a la población libanesa cristiana, más de un tercio de la población? ¿No será que usted, que predica el derecho internacional, le tiene miedo a Hezbolá? Porque, en ese caso, querido amigo Nawaf, está usted justificando el ataque israelí al Líbano.

Insisto, el derecho internacional, entendido a lo Pedro Sánchez, consiste en quedarse cruzado de brazos ante la injusticia y, en cuanto alguien intenta reparar la injusticia, volverse vehemente contra él, en nombre del multilateralismo. ¿O es que el derecho internacional ha conseguido meter en cintura a los ayatolás homicidas de Irán en 47 años de Régimen?