Festividad del Sagrado Corazón de Jesús. La devoción sin duda más extendida en toda Europa. expendida por Santa Margarita María de Alacoque y revivificada por Faustina Kowalska en el siglo XX, en este final de ciclo en que a la era de la misericordia sucede la era de la justicia.
Y todo ello con una devoción que ha pasado a ser considerado por toda la clase intelectual, tan amante de las más sonoras estupideces, como algo pasado de moda, cuando no es otra cosa… que eterno.
Cuenta San Josemaría Escrivá: "Tampoco a mí me gustan las imágenes relamidas, esas figuras del Sagrado Corazón que no pueden inspirar devoción ninguna a personas con sentido común y con sentido sobrenatural de cristiano. Pero no es una muestra de lógica convertir usos prácticos, que acaban desapareciendo solos, en un problema doctrinal, teológico".
Muy cierto, pero el mismo autor añade algo más: "No faltan quienes se escandalizan falsamente ante el modo empleado por otros para vivir ciertos aspectos de la fe o determinadas emociones y, en lugar de abrir ellos camino esforzándose por vivirlas de la manera que consideran recta, se dedican a destruir y a criticar. Ciertamente pueden surgir surgen de hecho deficiencias en la vida de los cristianos pero lo importante no somos nosotros y nuestras miserias: el único que vale es Él, Jesús. Es de Cristo de quien debemos hablar y no de nosotros mismos".
El corazón, que no es más que una víscera, en sentido figurado, es decir, en el sentido más real de todos, es la conjunción perfecta entre los dos elementos clave de la naturaleza humana: el alma inmaterial y la mente corporal. El corazón anda a medio camino entre ambos, por eso dice Escrivá que el corazón no sólo siente sino que también sabe y entiende.
El agustino León XIV seguramente recordará la frase más famoso del santo de Hipona, que nos viene como de molde: "Nos has creado, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti". Es lo que podríamos llamar un ansia recia de amor.