La noticia es que Washington ha imputado al dictador Raúl Castro, que sigue inspirando la represión en Cuba. Se repite lo que Trump hizo en Venezuela y que acabó con el exitoso secuestro de Nicolás Maduro, aunque el régimen chavista aún no ha devuelto la libertad a su país.
Ahora bien, ni tan siquiera un triunfo en Cuba, devolvería el liderazgo mundial a un Donald Trump, tras los dos fracasos: Irán y China. En Irán no se ha devuelto la libertad a los iraníes, y el régimen de los ayatolás continúa imperando.
En China, la mayor tiranía del mundo, se ha escenificado el fracaso de Trump con el famoso "mi amigo Xi Jinping". Si ese es tu amigo, Donald yo no quiero serlo tuyo.
Pero lo peor para Occidente continua siendo la degeneración de Europa, un continente descristianizado que ni se percata del peligro de otro líder perdido para la civilización cristiano-occidental, Vladimir Putin, ni es capaz de defenderse por sí sola, ni de un posible ataque militar ruso ni de la colonización económica china.
¿Y eso por haberse descristianizado? Sí, justamente por eso.