Sr. Director:

Entra en vigor el Reglamento europeo sobre envases y residuos de envases. El Reglamento se dirige a la industria, pero los efectos los notaremos los ciudadanos en la vida diaria. A partir de ahí será habitual devolver botellas vacías en los supermercados o llevar envases de casa para comprar productos a granel. Hábitos que, en tiempos no tan lejanos, hubieran parecido normales, pero que el desarrollismo y el consumismo han ido desterrando.

La economía circular dejará de ser una utopía para convertirse progresivamente en el estándar. Parece que con una motivación clara: limitar el dispendio que genera el tratamiento de residuos. La UE aspira a que estas medidas sirvan de palanca para un modelo económico más eficiente y competitivo.

Sobre el papel la propuesta es sólida, pero hay flecos que podrían generar malestar social y arruinar los esfuerzos. Para evitarlo pienso que es importante controlar el impacto en los precios, prestar apoyo a las pequeñas y medianas empresas, evitar que la regulación suponga una carga excesiva para las empresas.