Para entendernos, a mí tampoco me gusta que el ejército norteamericano tenga bases en territorio español: ni morón ni Rota.

Además, esas bases gringas están aquí antes que los acuerdos entre ambos países, desde 1953. No son bases que nacieran por la entrada de España en la OTAN (1982).

En todo caso, resulta que Donald Trump acaba de avalar la operación de desmontaje de las las dos bases, la aérea de Sevilla y la naval de Cádiz. Y a nadie se le oculta que esa bases podrán trasladarse al primer enemigo actual de España: Marruecos.

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Mohamed VI mantiene mejores relaciones diplomáticas con Washington, ojo, y con Jerusalén, que España. Mientras, el Gobierno Sánchez continúa aceptando el chantaje de Mohamed VI y la impunidad con la que los marroquíes ilegales actúan en España, sin el menor respeto, no ya a las costumbres del país que la ha acogido sino la ley españoles y a las mujeres españolas. Mientras la izquierda más estúpida de cuantas haya tenido España sigue aplaudiendo y favoreciendo la infiltración musulmana, insisto, infiltración impune, chulesca y mucha veces violenta.

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Mientras, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se encuentra a sus anchas retando a la Casa Blanca no por interés nacional, que eso sería maravilloso, sino por interés particular. Su Gobierno Frankenstein lleva aguantando durante siete años gracias a los regalos a la España roja y a la España rota y en contra del interés nacional.

Mientras, Marruecos sigue avanzando en chulería frente a España en todos los campos. Acabará por la conquista de Ceuta, Melilla y, después, Canarias.  

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Así que, a lo mejor no es malo que las bases, por el momento, se queden como están.