Jérôme es francés pero vive en Tokio. Conduce un taxi y cada día, desde hace nueve años, sigue buscando a su hija Lily, después de haberse separado y no haber logrado la custodia. Está a punto de rendirse y volver a Francia cuando, un día, Lily sube a su taxi.

Coincidiendo prácticamente con la celebración del Dia del Padre, se estrena este film lleno de esperanza que nos habla de la paternidad, de los vínculos que conlleva si se afronta con amor y responsabilidad.

Al actor Romain Duris muchos le recordamos por su vis cómica, que demostró en la divertidísima comedia Los seductores, pero aquí demuestra que también es un magnífico actor dramático al encarnar a ese hombre desencantado de la vida, que perdió lo que más amaba pero no ceja en su empeño de recuperar a su hija, a la que su madre se llevó sin dejar ninguna pista.

En la película se habla de temas importantes como el cariño de un progenitor por su hija, del poso que puede dejar en un niño la ausencia de un padre motivada por desavenencias de la pareja pero, implícitamente, del derecho que tiene cualquier niño a ser criado por un padre y una madre y, en caso de separación, de la necesidad de la custodia compartida.

Narrada con muchísima sensibilidad, y un ritmo pausado más japonés que europeo, Una hija en Tokio es una película emotiva que nunca cae en la sensiblería y  en la que se nota, como han afirmado sus dos guionistas, el director  Guillaume Senez y Jean Denizot,, que está escrita basándose en testimonios reales que ellos mismos han ido recogiendo.

El personaje de Duris conmueve porque entendemos la injusticia que se ha cometido con él por la arbitraria ley que rige en Japón sobre la custodia, que observamos en el país nipón también afecta a las mujeres puesto que una amiga del protagonista también la sufre. Algo que no ocurre en nuestro país, donde las mujeres lo tienen mucho más fácil que los padres para conseguir la custodia, a esto hemos llegado ante un feminismo radical que ve siempre al varón como un contendiente.

Se agradece que en el duro periplo del protagonista por encontrar a su hija se hable con sinceridad de las desavenencias de la pareja, de sus errores que conllevaron a la separación física, y de la terquedad de él por no hacerlo legalmente para seguir teniendo vínculos con su hija y no perderla totalmente. Y es que “madre no hay más que una”, pero padre también solo hay uno.

Para: los que crean que tanto hombres como mujeres tienen importancia en la crianza y educación de sus hijos