La estrategia comercial de Telefónica es tan simple como majadera. Al parecer, Marc Murtra pretende convertir a la operadores en una low cost, justo lo contrario a lo que jugó José María Álvarez-Pallete.
Nada más llegar a la Presidencia, Marc Murtra sube las tarifas. Ahora bien: se las sube a sus clientes veteranos y luego se las rebaja a la mitad para los nuevos usuarios. Naturalmente, en cuanto los primeros se enteran, se encabronan.
En resumen, la ofensiva promocional de Movistar ha provocado el enfado de una base de clientes que acaba de sufrir una nueva subida de precios y ahora comprueba cómo la operadora ofrece descuentos de hasta el 55% a las nuevas altas.
Es una diferencia de trato ligeramente injusta, que convierte la fidelidad en una penalización. Telefónica necesita frenar a los operadores de bajo coste. Ahora bien, Pallete decidió en su momento que no podían luchar, salvo con marcas filiales, contra el low cost.
Penalizando la fidelidad: Murtra encabrona a los clientes veteranos, a quienes subió las tarifas, con las rebajas concedidas a los nuevos. Y de paso, deprecia su producto
Pues mira no. Su última promoción resulta sintomática. Movistar ofrece durante doce meses un paquete con fibra de 600 Mb, dos líneas móviles con 65 GB, todo el fútbol y Netflix por 53 euros mensuales, frente a un precio ordinario de 123,99 euros.
Esto es, la rebaja anunciada alcanza el 55% y supone un ahorro superior a 70 euros al mes y de alrededor de 850 euros durante el primer año. Encima, la oferta no exige permanencia.
Desde el 13 de enero de 2026, Movistar incrementó alrededor de un 4% de media sus paquetes convergentes, con aumentos habituales de entre tres y cinco euros mensuales. Es decir, hasta 60 euros más al año para clientes que, en muchos casos, llevaban años en la compañía. El comienzo de la temporada de fútbol ha ampliado todavía más la brecha. Los precios sin promoción de los paquetes futbolísticos se han encarecido hasta un 5%, mientras Movistar utiliza precisamente esos contenidos como principal reclamo para atraer clientes de otros operadores. Un paquete valorado en 123,99 euros se ofrece a las nuevas altas por 53 euros.
Esta diferencia de trato está alimentando el cabreo entre los clientes de Telefónica. Muchos usuarios comprueban cómo la compañía les comunica nuevas subidas mientras ofrece, al mismo tiempo, descuentos superiores a 70 euros mensuales a quienes llegan desde la competencia.
Emilio Gayo aseguraba que de Telefónica España sí que sabía: pues la está hundiendo. Pero, a estas alturas, Murtra no se atreve a cambiarle... sobre todo, si Javier de Paz continúa en la operadora, con mando en plaza y a las órdenes de Zapatero
La estrategia es clara: cobrar más a quienes ya están dentro y ofrecer precios de derribo a quienes todavía deben ser convencidos. Los clientes actuales sostienen los ingresos y los márgenes; los nuevos alimentan las cifras de captación y actividad comercial. La guerra del fútbol y el periodo de la vuelta al cole —cuando se concentra una parte relevante de las altas convergentes— ofrecen la plataforma perfecta para intensificar esta ofensiva. Pero también fuerzan la reacción del resto de los operadores, que se ven empujados a responder con nuevas promociones, descuentos de retención y ventajas adicionales. Cuando el principal operador, bueno, el segundo, rebaja más de un 50% uno de sus paquetes más completos, obliga al resto del mercado a competir en el mismo terreno.
Murtra parece empeñado en convertir a Telefónica en una low cost, pero, al mismo tiempo, sigue cobrando a precio de oro a sus clientes fieles. Es fácil prever el resultado.
Murtra no es tonto y cuando alguien le recuerda la evidencia responde que eso es cosa de Emilio Gayo, CEO del Grupo y controlador absoluto de Telefónica España, la que fue su casa. A raíz de esa respuesta, la contrapregunta es lógica: césale. Ahora bien, no puede porque Javier de Paz se niega y mientras el jefe del clan zapatista de Telefónica le proteja, don Emilio, que ya había sido jubilado por Pallete, tiene el cargo de CEO del Grupo asegurado. El culebrón Sofía Collado se repite.