Una de las obsesiones de Pedro Sánchez ha sido y es controlar las grandes empresas españolas del Ibex 35, y hacerlo con la menor inversión posible. Como ejemplo de esto último, Telefónica, de la que la SEPI, o sea, el Gobierno, compró el 10% por 2.280 millones de euros, porcentaje suficiente para poner patas arriba la compañía tras el cese ‘bananero’, ejecutado por Manuel de la Rocha, del presidente, José María Álvarez-Pallete.

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Lo de Indra fue parecido, aunque cuando Sánchez llegó a La Moncloa, la SEPI ya tenía una participación histórica del 18%, algo lógico si tenemos en cuenta que Indra está llamada a ser la empresa española de referencia en asuntos de Defensa. En cualquier caso, con Sánchez, la SEPI pasó de ese 18% al 28% actual. No hay que dejar huecos por los que se pueda colar un Escribano de turno.

Pues bien, otra de las compañías que ha estado en el punto de mira de Moncloa ha sido Repsol. Así lo atestiguan las anotaciones de Leire Díez en su libreta, según El Español. Y no sólo la libreta de la ‘fontanera’ del PSOE -¿y del Gobierno?-, el intento de Sánchez por controlar Repsol se concretó en diciembre de 2020 con el nombramiento de Arturo Gonzalo como director de Comunicación.

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Gonzalo fue, durante cuatro años (2004-2008), secretario general para la Prevención de la Contaminación y del Cambio Climático en el primer Gobierno Zapatero y con Cristina Narbona como ministra de Medio Ambiente. De su departamento dependía la Oficina Española de Cambio Climático cuya directora general era, atención, Teresa Ribera, actualmente en la Comisión Europea y antes, vicepresidenta con Sánchez.

El intento de Moncloa por controlar Repsol, sin embargo, se esfumó cuando Gonzalo fue cesado en febrero de 2022. Tranquilos, de ahí pasó a ser consejero delegado de Enagás, cargo que desempeña actualmente con más sombras que luces.

¿Por qué Repsol y no Iberdrola? De hecho, las relaciones entre Sánchez Galán y Sánchez Pérez-Castejón son como las fincas de Extremadura: manifiestamente mejorables. Pero el presidente de Iberdrola, empresa con sede en Bilbao, tiene el favor del PNV, apoyo indispensable del Ejecutivo. Por cierto, los dos Sánchez coincidieron apoyando a Enrique Riquelme frente a Florentino Pérez en las elecciones a la Presidencia del Real Madrid, pero no pasó de ser una mera coincidencia.

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La otra obsesión de Sánchez se llama BBVA. ¿Recuerdan la OPA sobre el Sabadell? Moncloa le impuso a Carlos Torres una condición inédita en el Occidente democrático: no tomar el control del Sabadell durante tres años, ampliables a cinco. Una intervención pública que, aunque ya no sirve para nada, acaba de ser censurada por Bruselas. En otras palabras, si triunfaba la opa, el que mandaría sería el Gobierno. Pero la opa no triunfó y Sánchez se quedó con las ganas. Ahora bien, no ha renunciado al BBVA, una pieza muy deseada por sus socios del PNV. La opción de la opa se desvaneció, pero todavía queda el trago del juicio del caso Villarejo en el que el banco está imputado. Sánchez todavía no ha dado el BBVA por imposible.