Donald Trump es un empresario y cree en los empresarios, pero está dispuesto a poner coto a la especulación financiera. En esa línea van las tres medidas de calado, anunciadas recientemente: topar el interés de las tarjetas de crédito al 10%, al menos durante un año, prohibir a los fondos inmobiliarios que compren viviendas y prohibir a las empresas de Defensa repartir dividendos.
Vamos con la primera: “Ya no permitiremos que las compañías de tarjetas de crédito exploten a los estadounidenses con tasas de interés que oscilan entre el 20% y el 30% o más, un problema que persistió durante la administración Biden”, afirmó Trump el pasado viernes, en Truth Social. “A partir del 20 de enero de 2026, como presidente, abogará por un límite del 10% durante un año para las tasas de interés de las tarjetas de crédito”, concluyó. En España tenemos ejemplos de sentencias condenatorias a entidades financieras por usura en tarjetas revolving.
Otra: “Prohibir que los grandes inversores institucionales compren viviendas unifamiliares”, escribió el pasado miércoles, también en Truth Social. “Las personas viven en casas, no las corporaciones”, sentenció. La izquierda española debería aplaudir al presidente estadounidense, pero tranquilos, no lo hará. Al contrario, el Gobierno de Pedro Sánchez optó por intervenir los precios, provocando justo lo contrario: que se disparen, como adelantamos en Hispanidad.
Para terminar, la intención de Trump de prohibir el reparto de dividendos y la recompra de acciones de empresas de defensa. “Tras años de prioridades mal orientadas, los contratistas de defensa tradicionales han sido incentivados a priorizar los retornos para los inversores por encima de los combatientes de la Nación”, afirmó en una orden ejecutiva de la Casa Blanca.
Con esto, Trump expulsa a los especuladores de la industria de Defensa y obliga a esas empresas a reinvertir en el único cliente que tienen, que no es otro que el Pentágono. Traída a España, la medida tumbaría, por ejemplo, la operación abyecta de los Escribano con Indra y EME. En todo caso, esto no quita para que esas empresas de defensa paguen sueldos millonarios. Lo que frena es la especulación en el mercado de las armas.
¿Trump se nos ha vuelto socialista? Ni mucho menos, porque él no busca que el Estado sea omnipresente, como sucede en Europa, aunque sí es cierto que podría defender todavía más la propiedad privada pequeña. Esa es la clave.