Tal y como analizaba Cristina Martín la pasada semana, la compraventa de viviendas está a la baja, pero los precios siguen disparados: en agosto la vivienda se encareció un 15,6% en comparación con el mismo mes del año anterior. El futuro no parece que vaya a mejorar mucho, hablamos de una crisis de oferta, la única solución es construir, pero el Gobierno de Sánchez sigue sin hacerlo, anuncia nueva vivienda una y otra vez, pero aún no hay ni un ladrillo puesto. Expertos del sector cifran en casi 35.000 euros el encarecimiento de la vivienda en el último año: mismo piso, mismas características, misma zona, 35.000 euros más caro que hace un año. Hablamos de 70 meses consecutivos de alzas.
Como decimos, no se ha puesto ni un ladrillo, pero sí se tomó una medida: zonas tensionadas y topes de precios, medida que, como vemos, no ha funcionado. En las zonas donde el precio está topado, evidentemente no sube el precio, pero sí disminuye la oferta, algo que solo recrudece la crisis.
Por ello, llama la atención la nueva propuesta de Podemos, que exige topar los precios de alimentos. Es decir, ha funcionado tan tan pero tan bien el tope de precios en vivienda, que los morados quieren copiar la 'exitosa' medida en los alimentos.
Lo más curioso de todo es el razonamiento, digno de las mentes preclaras del partido. Lo explica el coportavoz, Pablo Fernández: reclaman al Gobierno que tope los precios y que deje su "sangrante inacción" ante la inflación.
Argumentando que "tanto las petroleras, como los grandes supermercados, como el oligopolio energético, pueden asumir perfectamente un tope a los precios porque tienen beneficios desorbitados". Claro, Pablo, porque como todo el mundo sabe si tú les topas los precios, eso no va a repercutir en el consumidor, máxime con la inflación disparada, que también afecta a los grandes supermercados, y a los productores, que están detrás.