La presidente del Banco de Santander, Ana Botín se ha pasado semanas enteras, durante los últimos meses, entre Washington y Nueva York, hablando con los reguladores norteamericanos para conseguir todos los permisos y hacerse con la propiedad del Webster Bank.
Se trataba de convencer al poderoso secretario del Tesoro de Donald Trump, Scott Bessent, con quien ha hecho buenas migas, así como con los reguladores norteamericanos. Recuerden que Webster Bank es ante todo, un banco de empresas,
Ahora, juntando todos los activos del Grupo Santander en Estados Unidos, nos encontramos con que la entidad española posee un 10% de cuota en Massachusetts y un 24% en Rhode Island. Si contamos todos los activos de Santander en el competitivo mercado bancario norteamericano, debemos concluir que el banco cántabro se sitúa ahora como la décima entidad de Estados Unidos.
Con ello el Santander cierra su geografía internacional: España, Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y México.
No ha sido fácil que el Gobierno norteamericano diera el visto bueno a la operación. Y es que, aunque Donald Trump distinga entre los españoles y España, entre Juan Español y Pedro Sánchez, ¡desde fuera los conceptos se confunden! Vamos, que ahora mismo no somos muy populares en la primera potencia del planeta. O como dicen en la sede central del Santander en Boadilla del Monte, provincia de Madrid: Ana se lo ha currado. Ha tenido que distinguir entre un banco español y el presidente del Gobierno español, a quien el Gobierno Trump considera un hombre de los BRICS.
Si lo comparamos consigo mismo, el Webster viene a ser un 18% del Santander. Ahora hay que sumar y, sobre todo, hay ansias de crecer en un mercado interminable, como es el norteamericano.
Ahora mismo, el Santander es el único banco español, sin discusión previa, “demasiado grande para caer".