La noticia saltaba el viernes por la tarde, hora española: dos senadores republicanos, Bernie Moreno y Tim Sheehy, han enviado una carta a las autoridades de EEUU, entre ellas la Reserva Federal (Fed), para que analicen minuciosamente la compra del Webster por el Santander.
Me dirán que lo habitual es que se analicen este tipo de operaciones y es cierto. Lo que no es nada habitual es que se ponga en peligro la transacción por la mala imagen internacional de España, en general, y la mala imagen de Sánchez en EEUU, en particular.
Moreno y Sheeny dan donde más duele: “En el entorno geopolítico actual, ceder el control sobre los depósitos, los datos y las decisiones de crédito de EEUU al principal banco de España plantea preguntas que justifican un cuidadoso escrutinio regulatorio, particularmente dado que España no siempre ha actuado como un aliado confiable en el avance de las prioridades de seguridad de EEUU”, afirman en la carta.
Y más: “España es también un importante centro europeo de actividades de lavado de dinero, así como una puerta de entrada del narcotráfico en Europa desde América Central y del Sur”.
En definitiva, “la fusión propuesta no debería proceder a menos y hasta que los reguladores estadounidenses estén plenamente satisfechos de que la gobernanza, la cultura de cumplimiento y los controles técnicos de Santander cumplan con el estándar más alto posible para proteger el sistema financiero estadounidense”, concluyen.
Dicho esto, Moreno y Sheeny mencionan y exageran ‘ad nauseam’ algunas cuestiones como la cuenta iraní destapada por Financial Times en 2024 o la quiebra de la financiera de automóviles, First Brands, en la que el Santander tendría una exposición de unos 230 millones de dólares.
Exageraciones que no impedirán la compra de Webster. Lo más grave es el rastro que ha dejado -y sigue dejando- el Gobierno Sánchez en occidente y que contrasta con las felicitaciones que recibe por parte de los BRICS e incluso de los ayatolás.
El Santander comprará Webster, pero no se extrañen si las autoridades que deben dar el visto bueno, esto es, la Fed, la Fiscalía General, el Fondo de Garantía de Depósitos (Fdic) y la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC), alargan el proceso.
Y eso que Trump elogió, en enero de 2025, el “trabajo fantástico” de Ana Botín en el Santander. “Conozco muy bien tu banco. Hasta hecho un fantástico trabajo”, afirmó.
Por cierto, como hemos dicho al principio, Kevin Warsh tomó posesión de su cargo como presidente de la Fed, el viernes. Warsh habló de independencia, pero también de atajar la inflación, justo lo que no quería escuchar Donald Trump, presente en el acto, porque podría implicar subir los tipos de interés.