No resulta muy agradable que digamos ser el sucesor de alguien y enterarte en ese mismo instante de que, en realidad, no vas a tener las mismas atribuciones, sino muchas menos y, por tanto, un sueldo sensiblemente más bajo. Eso es lo que ha sucedido en Indra. Ahora bien, Ángel Simón ha aceptado ser no ejecutivo, pero no un presidente honorario que ni pincha ni corta.
Por de pronto, y pocos días después de su nombramiento, Simón se ha desmarcado de la operación abyecta, la compra de EME, la empresa de los Escribano, por Indra. “No tengo ningún interés económico, ni ningún conflicto. Sólo me interesa que esta empresa avance”, afirmó.
Sin embargo, los consejeros independientes le recordaron que el primer ejecutivo, José Vicente de los Mozos, tras una oposición inicial -y breve- sí apoyó la operación.
Y todo esto importa, ciertamente, pero también es importante destacar que, a estas alturas de la película, la nacionalización de Indra no puede ser desechada completamente y menos aún mientras la ministra de Defensa, Margarita Robles, continúa mostrando en público su cabreo por los incumplimientos de Indra en las entregas.
Esto último nos lleva a la pregunta clave: ¿Tiene Indra la capacidad industrial suficiente para cumplir todos los contratos? Hoy por hoy aún no lo ha demostrado.
Y mientras tanto, Indra se ha quedado fuera del gran proyecto europeo de satélites (IRIS 2), a pesar de haber comprado Hispasat. Efectivamente, el tándem Simón-De los Mozos tiene mucho trabajo por delante.