Decíamos ayer, en Hispanidad, que el yerno de Ignacio Sánchez Galán, David Mesonero, continúa ascendiendo, casi mes a mes, en el escalafón directivo de Iberdrola. Pero nos quedamos cortos porque, apenas semanas después, también se le otorgaba otro puesto clave en estrategia internacional, precisamente la especialidad del consejero delegado, Pedro Azagra

Mesonero está en todo y no está claro si está en algo. Pero a sus funciones en Estrategia, une su nueva función como segundo en la Dirección financiera -y ojo, que el primero, Pepe Sainz Armada, ya tiene un pie fuera- y ahora se le coloca casi al frente de grupo internacional, el favorito de Ignacio Galán, para quien España se le ha quedado muy pequeña. 

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Ahora bien, con todo ello, el CEO de Iberdrola, Pedro Azagra, se ha dado cuenta de que su función, al igual que las del resto de consejeros delegados de la compañía, no es de primer nivel, -en Iberdrola los CEOs mandan muy poco- sino que sólo es el encargado de hacerle la carrera al yerno del presidente.

El problema estratégico de Galán es que su negocio verde ha tocado techo. En España todavía las redes, el transporte, son la clave, pero en el mundo la clave es la escasez de energía... y entonces es cuando la economía vuelve a primar sobre la ecología... sobre la corbata verde de don Ignacio

Y eso que para ponerlo más difícil, el sucesor favorito de Ignacio Galán, no es su yerno, sino su jovencísimo hijo Pablo, quien acaba de entrar en la compañía hace casi un año. Hablemos de esto.

A Galán le ocurre algo parecido a lo que le ocurrió a Emilio Botín, otra dinastía del IBEX 35, quien tenía todo preparado para que su hija mayor, Ana Botín, le sucediera como presidente, pero albergaba la esperanza de que fuera su hijo menor, Javier Botín, a quien le diera tiempo para desarrollar su carrera y fuera su sucesor real. Sólo que la muerte no aguarda a nadie.

Naturalmente, las dinastías no gustan a los fondos, los señores de ahora mismo, pero la verdad es que Galán ha recreado un empresón y es difícil negarle su propio plan.

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En todo caso, a día de hoy, Ignacio Galán está convencido de que puede hacer lo que quiera, desafiando todas las normas y todos los usos. Para ello confía en el despacho de abogados más famoso, y más tramposo, de la España actual, Uría y Menéndez, a quien, tras la salida de Benjumea, se ha entregado totalmente. Uría manda cada día más en la eléctrica.

Ojo: el sucesor preferido de Galán en Iberdrola sigue siendo su hijo pequeño, Pablo. Pero, por ahora, el CEO Azagra sabe que a quien le tiene que despejar al camino es a David Mesonero. Luego ya veremos. Es un caso parecido al de Emilio Botín, con sus hijos Ana y Javier

El problema es que el negocio de Galán ha tocado techo. Su obsesión por lo verde le va a pasar factura dado que la economía verde -afortunadamente- se está muriendo y la economía -menos mal- vuelve a primar sobre la ecología.

Además, a la corbata verde de Galán, siempre a la cabeza, de lo bueno y de lo malo, le ha sorprendido su fracaso en la eólica marina y en su obsesión por las redes, cuando la España de hoy necesita energía, no transporte. En todo caso, Galán es un éxito en el presente, que no de futuro, y todavía puede plantearse que sea su yerno -si debe ser hoy- o mejor, su hijo Pablo -si es mañana-, quien le sustituya al frente de una de las principales compañías eléctricas del mundo.