Decíamos ayer que Carlos Torres, presidente del BBVA pensaba en volver a comerse al Sabadell de Pep Oliu pero, eso sí, esta vez de buenas maneras, y ofreciéndole al presidente del Sabadell, una vicepresidencia.
Y a lo mejor Oliu podría aceptar, pues el CEO saliente, César González-Bueno, fue quien capitaneó la batalla contra BBVA. Ahora bien, quien se opone a un revival de la fusión vasco-catalana es Salvador Illa y el poder económico y empresarial catalán, que no están tan dispuestos, tras haber vencido al BBVA, aunque realmente le venció el Gobierno Sánchez, a que ahora se haga por las buenas lo que se evitó por las malas.
Otra alternativa que gusta a Oliu es una fusión con el Santander de Ana Botín. Ahora bien, aquí es Ana Botín la que no quiere. No porque el Santander esté fuerte en Cataluña que no lo está, no, es que su opción es norteamericana -banca doméstica y de inversión, ahora centrada en el Webster Bank- por lo que tiene sus cinco sentidos pendientes de Estados Unidos.
A Oliu, a sus 77 años, le queda el último sprint. En Cataluña prefieren que el Sabadell se mantenga como banco catalán y que se fusione con Unicaja. Aquel tiene una capitalización de 16.200 millones y Unicaja de 8.200. Es verdad que el banco andaluz que preside Pepe Sevilla con Isidro Rubiales como CEO, pasó su gripe con Liberbank, pero ambos contrayentes cortizan en bolsa con lo que la operación de canje sería sencilla: la que marque el mercado.
Y sí: si es Unicaja el que se come al Sabadell, el poderoso y peligroso presidente catalán Salvador Illa, apoyaría la operación. Otra cosa es la opinión de Moreno Bonilla.