El mérito de Pedro Saura al frente de Correos, tras el sonado y ruinoso fracaso de Juan Manuel Serrano, amigo de Pedro Sánchez (qué cosas debe saber ese hombre), no es tanto la vuelta al beneficio como el poner un poco de orden en la empresa. Efectivamente, Correos ganó dinero por primera vez en una década (14,4 millones de euros), pero fue gracias a las sucesivas inyecciones de dinero público, es decir, de dinero de los contribuyentes, como ha explicado Cristina Martín, en Hispanidad, en diversas ocasiones.
Pues bien, ahora resulta que la empresa pública planea la salida de 7.000 empleados, el 15% de la plantilla, hasta 2028. Correos tiene actualmente 46.000 trabajadores tras jubilar a unos 3.000 empleados entre 2024 y 2025. Serán bajas incentivadas, para las que la empresa ya ha provisionado 427 millones. Tranquilos, si hace falta más, se pone más. ¡Será por dinero!
Correos es el ejemplo perfecto de empresa pública ruinosa, con una plantilla, en general, desmotivada, y una eficiencia que brilla por su ausencia. Si a eso añadimos que el futuro del sector es la paquetería y ahí la competencia es durísima, tenemos la foto completa del desastre actual de Correos.
Sólo un ejemplo real, sucedido hace unos días en Madrid capital. Un paquete debía ser entregado en un local, punto de entrega de Correos, el miércoles, pero a medio día, la empresa envió un SMS al destinatario informándole de que no pudo entregarlo… por ausencia del interesado. ¿Cuál fue la solución? Entregar el paquete en otro punto de entrega, situado a pocos metros del anterior… ¡en un plazo de entre 48 y 72 horas! “Es el protocolo”, argumentaron desde la compañía.
Así se explica el fracaso empresarial de Correos, frente a empresas privadas del sector, para las que lo primero es la satisfacción del cliente que, en este caso son dos: la empresa vendedora y el comprador del producto.