Hablamos del conjunto del ERE, que afecta a 4.525 trabajadores de siete filiales de la compañía en España, pero la rebelión se concentra en el Corporativo, el área más importante de la compañía que incluye a directivos, ingenieros, jurídicos, etc, y en el que habría algo más de 1.000 afectados por el expediente.
La primera chapuza es el argumento utilizado por Telefónica para justificar el expediente que, conviene recordar, está sujeto a la legislación. Por eso, no todo vale y decir que el ajuste se hace “por criterio de la empresa”, está dentro de los criterios inválidos. El asunto no deja de ser una chapuza mayúscula, porque resulta muy sencillo justificar un ERE, por ejemplo, porque así lo exige la nueva estrategia de la empresa que se va a volcar en otros campos. Pero decir “por criterio de la empresa” es tanto como decir “porque me da la gana”, y eso no es admisible.
Luego está la racanería de la compañía, ahora bajo la batuta del muy social Gobierno Sánchez, que está ofreciendo 5.000 euros -sí, han leído bien- a los que acepten salir voluntariamente. Estamos hablando de empleados y directivos con años y responsabilidades en la casa, no de alumnos en prácticas, con todos los respetos.
Chapuza y rácano, el caso es que algunos empleados han creado una plataforma para ir a los tribunales para anular el ERE. Es lo que le faltaba a la Telefónica de Marc Murtra, Emilio Gayo y Javier de Paz.
Lo cierto es que hay un gran malestar en el Distrito C, no sólo por lo dicho sino porque mientras se pergeñaba el ERE, la nueva dirección fichó a Gonzalo Conde-Pumpido, hijo pequeño del presidente del Tribunal Constitucional, como directivo en el área jurídica -abril de 2025- y a Macarena Álvarez en Comunicación -diciembre 2025-, quien trabajó durante años a las órdenes del “guarro”, según Feijóo, el socialista Francisco Salazar.
Seguro que no tiene nada que ver el hecho de que la Fiscalía rechazara en enero la denuncia contra el socialista por presunto acoso sexual, debido a “la inexistencia de denuncia de las personas agraviadas”.
Así está Telefónica desde el asalto de Moncloa. Una calamidad.