Jornada ‘¿Para qué queremos un euro digital?’, del Real Instituto Elcano, celebrada este martes. La presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), Alejandra Kindelán, defendió el euro digital… mayorista, es decir, orientado a operaciones entre entidades financieras y mercados. Esto supone un giro respecto a la moneda virtual europea, originalmente pensada, también, para su utilización entre particulares.
“El euro digital deberá actuar como una solución complementaria dentro del ecosistema de pagos, coexistiendo con las iniciativas privadas ya existentes”, afirmó la AEB en un comunicado. La iniciativa privada por excelencia en este campo es Bizum, que esta semana comenzó a implementarse en comercios y con la que ya se puede interoperar con los sistemas equivalentes de Italia y Portugal.
Bizum se irá extendiendo, de tal manera que entre finales de este año y comienzos de 2027 permitirá a los usuarios realizar pagos instantáneos con Alemania, Bélgica, Holanda, Francia y los países nórdicos, alcanzando un mercado potencial de 135 millones de usuarios en 13 países europeos.
Esa es la clave: para garantizar la soberanía europea en sistemas de pago entre particulares, frente al dominio actual de Visa y Mastercard, tenemos Bizum. Entonces, ¿para qué necesitamos el euro digital, tan controvertido por presuntamente implicar un mayor control por parte de las autoridades?
Pero claro, después de tantos años de trabajo, tanto del BCE como de los propios bancos europeos, no se podía enterrar sin más el proyecto y una salida más que honrosa es limitarlo a operaciones mayoristas entre entidades financieras y mercados.
La solución no es mala, aunque una vez puesto en marcha, nadie garantiza que el euro digital no se vaya a utilizar en un futuro para controlar todavía más a los ciudadanos.