Cómo no, lo explica de forma genial Friday Fax, la mejor información cristiana sobre la actividad de ese aquelarre en el que se ha convertido lo que fuera uno de los grandes avances políticos del siglo XX: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se firmó el 10 de diciembre de 1948.
En sus 78 años de vida, Naciones Unidas, que empezó sin miedo, algo genial, parecido a la traducción a términos políticos de los 10 mandamientos, ha ido pervirtiéndose según la famosa anécdota de la pregunta periodística a don Luis Mazantini que fuera gobernador civil de Guadalajara y de Ávila:
-Y usted, ¿cómo ha pasado de torero a gobernador civil?
-Pues ya ves hijo -contestó el antiguo diestro-, degenerando.
Pues bien, Naciones Unidas, en pleno conjuro de brujas para la sustitución de Antonio Guterres, a quien el diablo confunda, por una feminista radical, a quien Satán confunda, ha ido degenerando desde la firma de las Declaración de los Derechos Humanos (por favor, no confundir con la maléfica Declaración de los Derechos del Hombre, de 1789) de 1948 hasta 2026.
Precisamente, ha sido el Consejo de Derechos Humanos de la ONU quien ha aceptado uno de esos conceptos vaporosos, venenosos y ligeramente estúpidos del feminismo queer: la violencia reproductiva.
¿Qué significa? Significa que si el hombre quiere tener hijos, o no tenerlos, y la mujer opina lo contrario, el varón, por su solo deseo, estará ejerciendo violencia reproductiva contra la mujer. Por contra, si fuera al revés, insisto, para tenerlos o no tenerlos, la mujer estaría ejerciendo sus derechos reproductivos.
En definitiva, como siempre, un eufemismo más para consagrar el aborto pero también para afianzar una doctrina feminista: tener hijos es una decisión exclusiva de la mujer, el varón queda reducido a la condición de semental.
Por cierto, como tantas otras necesidades feministas, esta dicotomía se ha arreglado siempre, entre esposos, con una dosis de sentido común y apelando al cariño mutuo. No hace falta que la ONU regule el asunto... y mucho menos de esta guisa.