Como contamos en Hispanidad, Macron lo ha conseguido, Francia ha entrado en el club de los más progres aprobando una Ley de Eutanasia. Eso sí, las palabras "suicidio asistido" y "eutanasia" fueron eliminadas del texto por sus connotaciones negativas.

Tras la aprobación del texto, y tal y como advertimos, los franceses pueden mirarnos al resto de países para ver cómo acabarán.

Ya se sabe lo que pasa con la eutanasia, siempre es igual, comienza como una ley para casos de alto sufrimiento, irreversibles y escasos, y pasa a convertirse en una de las principales causas de muerte en un país. La sociedad acaba enfermando con una mentalidad eutanásica que quita todo valor a la vida. Lo vemos en Países Bajos donde la eutanasia representa el 6% de las muertes, un país donde hace unas semanas se autorizó la primera eutanasia a una niño menor de 12 años. O sin ir más lejos en España, la eutanasia está legalizada y considerada derecho desde hace tres años, y ya hemos visto muertes por sufrimiento psicológico.

Pero es que el debate no ha tardado ni una semana en saltar tras la luz verde al texto. En concreto un punto, las aseguradoras estarán obligadas a abonar el capital de los seguros de vida. De tal forma, aunque la muerte del asegurado se deba al suicidio asistido o a la eutanasia. Además, este punto se aplicará a las pólizas suscritas tanto antes como después de la entrada en vigor de la ley.

En los seguros normalmente se incluyen cláusulas de exclusión por suicidio, tras la aprobación de la Ley de Eutanasia, no se podrán usar para negar el pago.

La polémica saltó en un debate en el Senado, al verlo como “un incentivo económico para recurrir a la muerte asistida”. Por ejemplo, la norma no habla de plazos ni estimación de meses de vida, por lo que una persona que esté pensando en solicitarla puede contratar antes un suculento seguro de vida, por no hablar de los incentivos de terceros, familiares o beneficiarios. Estos podrían intentar convencer a su familiar enfermo de acabar con su vida para beneficiarse del cobro.