Día de Meritxell, fiesta nacional de Andorra. El jefe de Gobierno, Xavier Espot, aprovecha para asegurar que la voluntad del ejecutivo es que, antes de finalizar la actual legislatura, pueda aprobarse la ley de despenalización del aborto.

Espot continúa su declaración abortera para lanzar una mentira y confirmar que va a saltarse la ley con tal de continuar con la mentalidad abortera imperante en el mundo: asegura mantiene un diálogo con el Vaticano, pero que no se está a la espera de un sí a un determinado texto porque Andorra es "soberana para tomar sus propias decisiones".

Aun así, dice que la decisión que se adopte sobre la despenalización, "guste o no a la Santa Sede", no debe cruzar la línea roja. ¿El motivo? El escándalo y el riesgo que supondría para el sistema institucional la abdicación del copríncipe episcopal. ¿La línea roja? Cualquier reforma que haga posible la práctica del aborto dentro del país y ha defendido que la despenalización no lo permite, pero supone "un paso adelante significativo" para acabar con la criminalización de la mujer.

Y es que la idea de Espot se resume en: queremos que se aborte porque somos progres, pero no queremos mancharnos las manos de sangre, por lo que derivamos a las madres que quieran matar a sus hijos a un territorio cercano. Eso sí, con acompañamiento médico andorrano, no vaya a ser que la mujer también muera o sufra alguna complicación derivada, en el camino de vuelta. Así, los abortos se harán en España o en Francia.

Es prácticamente imposible llegar a un acuerdo con la Santa Sede: recordemos lo de proteger la vida desde la concepción hasta la muerte, por lo que el presidente de Andorra está dispuesto a saltarse la ley... todo sea por permitir el aborto. Recordemos que el país tiene dos jefes de Estado: el presidente de Francia y el obispo de Urgel, que actualmente es Josep-Lluís Serrano Pentinat. Por lo que reconoce que está dispuesto a aprobar la ley sin contar con el jefe de Estado... y muy legal no suena.