En Bruselas, PP y Vox se han puesto de acuerdo: ambos se han unido, y con ellos sus respectivos grupos en el Europarlamento, para condenar la invasión de Ceuta por parte de Marruecos.
Por su parte, el cachondeo en las cancillerías de medio Occidente ya ha accedido al nivel de consenso: el presidente del Gobierno, español, Pedro Sánchez, bate todos los récords de ridículo y, encima, se ha convertido en el coladero, es decir, en un peligro, para Europa.
Eso es lo que el canciller español, José Manuel Albares, califica como la dignidad de Europa, provocando sonoras carcajadas.
El Sanchismo acumula enemigos: Estados Unidos, Rusia, Israel, Italia... Liberar a Marruecos de toda culpa y acusar a Putin, Netanyahu, Trump, Meloni y Elon Musk, sin olvidarnos la fantasmal internacional reaccionaria... es lo que tiene.
Porque la política internacional lo admite todo, también la mentira y la trampa. Lo que no permite es el ridículo, que la víctima proteja al verdugo y la negación de la evidencia: que la invasión de Ceuta se generó en Marruecos, nuestro querido amigo y no en ningún otro lugar.