Sr. Director:
A muchos nos llamó la atención la nota doctrinal "Mater populi fidelis", publicada el 4 de noviembre de 2025 y que había sido aprobada por el Papa León XIV el 7 de octubre de 2025.
Los cristianos en general y los católicos en particular veneramos con un gran amor y devoción a la Madre del Señor y Madre de la Iglesia, Madre de Dios y siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado original y asunta al cielo en cuerpo y alma tras el curso de su vida en este mundo.
María es la expresión más perfecta de lo que la gracia de Dios puede obrar en una criatura cuando ésta se abre a la acción divina.
Tanto es así que la Virgen concibió antes en su fe que en su vientre al Hijo del Eterno Padre. Gracias al fiat de María, el Salvador fue engendrado en su vientre por obra del Espíritu Santo y nació de Ella, sin menoscabar en absoluto su integridad virginal.
Además, María fue también la mejor discípula de su Hijo Jesucristo, pues escuchó, meditó y puso en práctica con total fidelidad la Palabra de Dios.
La Santísima Virgen María es nuestra madre en el orden de la fe, de la caridad, de la esperanza y de la perfecta unión con Jesucristo, el Señor, el único que salva.
Sin embargo, al Dicasterio para la Doctrina de la Fe habían llegado algunas preguntas o dudas acerca de determinados títulos y expresiones referidas a la persona y misión de María en la obra de la salvación llevada a cabo por Cristo.
¿Cuál es el significado de esa singular cooperación de María en el plan de la salvación?
La maternidad de María respecto de los cristianos forma parte, sin duda, del cumplimiento del plan divino que se realizó en la Pascua de Cristo.
María es nuestra madre y también modelo inigualable de fe y de amor a Dios y a los hermanos.
San Agustín llamó a María "cooperadora" en la obra de la Redención, subrayando tanto la acción de la Madre junto al Hijo como su subordinación a Él, porque María coopera activamente con Cristo para que en la Iglesia nazcan los fieles, y por eso podemos llamarla perfectamente Madre del pueblo fiel.
A partir del siglo XII, los teólogos reflexionaron acerca de la relación que existe entre la Virgen Madre con el misterio de la Redención obrada por Jesucristo, su Hijo e Hijo de Dios.
San Bernardo habla de la cooperación de María en el sacrificio redentor de Jesús en un comentario sobre la Presentación de Jesús en el templo de Jerusalén.
Arnaldo, amigo de Bernardo y abad de Bonneval, considera por primera vez la cooperación de María con el sacrificio del Calvario.
El Concilio Vaticano II habla de María en el misterio de Cristo y de la Iglesia (Cfr. L.G., cap VIII) y enseña que la Virgen cooperó por su fe y obediencia libres a la salvación de las almas.
Existen multitud de títulos con los que los fieles han invocado y continúan invocando a la Virgen María: Madre de misericordia, Esperanza de los pobres, Auxilio de los cristianos, Socorro, Abogada, etc.
También Corredentora y Mediadora.
El título de Corredentora apareció en el siglo XV como corrección a la invocación Redentora (abreviación de Madre del Redentor) que María venía recibiendo desde el siglo X.
Redentora desapareció en el siglo XVIII para llamarla Corredentora.
San Juan Pablo II usó Corredentora al menos en siete ocasiones, relacionándolo especialmente con el valor salvífico de nuestro dolor ofrecido junto al del Señor, al cual se une María sobre todo al pie de la Cruz.
En el número 22 de la nota doctrinal que comentamos se dice que "es siempre inoportuno el uso del título Corredentora para definir la cooperación de María, porque este título corre el riesgo de oscurecer la única mediación salvífica de Cristo, y por tanto puede generar confusión. Además de inoportuno es inconveniente"
Pero, a pesar de ello, nadie ha prohibido -que yo sepa- que podamos llamar a la Virgen Corredentora, entendiendo el título en subordinación a su Hijo Jesucristo, el único Redentor del mundo.
Por lo que se refiere a María como Mediadora o Medianera, la patrística oriental, los santos y doctores de la Iglesia, primero en oriente y después en occidente, usaron con toda libertad el título, pero la Iglesia es plenamente consciente de que el único Mediador entre Dios y los hombres es Jesucristo, el Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María.
Para que nadie caiga en el error debemos llevar una especial prudencia en la aplicación del título de Mediadora a María, y conviene precisar tanto su valioso alcance como sus límites.
María es Mediadora en sentido subordinado, porque el único Mediador es Jesucristo.
La llamamos también Intercesora, Madre de los creyentes, Medianera de todas las gracias, Hija del Padre, Madre del Hijo, Templo del Espíritu Santo, Abogada de gracia, Madre amantísima, etc, etc.
El hecho de que debamos llevar una especial prudencia al invocar a María como Mediadora o Medianera e Intercesora, no prohíbe que lo hagamos, sino que vayamos con sumo cuidado y tratando de entender correctamente estas expresiones.
Que la Madre del pueblo fiel, María, Madre de Dios y Madre nuestra, Madre de la Iglesia, Corredentora y Medianera de todas las gracias, ruegue a su Hijo por nosotros y nos ayude a hacer siempre la voluntad de Dios.