Sr. Director:

Hace cien años que Ramiro de Maeztu publicaba “Don Quijote, Don Juan y la Celestina. Ensayos en simpatía”. Era, como todos sus libros, una recopilación, de artículos ya publicados (aunque alguno fuera escrito exprofeso). Hay que reconocer que Maeztu dejó escritos y publicados en torno a dieciséis mil artículos sobre diversísimos temas. Lo que le permitió hacer varias recopilaciones temáticas que son sus libros, en los que existían siempre no pocas páginas originales.

En “Don Quijote, don Juan y la Celestina. Ensayos en simpatía” Maeztu enfoca estos personajes desde un punto de vista que podríamos llamar arquetípico cada uno de ellos: el amor (Don Quijote, el poder (Don Juan), y el saber (La Celestina). En la época en que están escritos, en nuestro pensador existían todavía reminiscencias de la actitud regeneracionista de comienzos de siglo, consecuencia del desastre del 98, a cuya generación pertenecía.

Cierto que esa simbología, amor, poder, saber, podría llevar a otras interpretaciones como idealismo, egoísmo y manipulación de las pasiones ajenas, todo ello tan manifiesto en los textos clásicos. Pero Maeztu pretende poner estos textos clásicos de nuestra literatura como mitos hispanos que proporcionen unos valores culturales y sociales a la empresa de transformar, regenerar, una sociedad que en 1926 precisaba ser redireccionada de los abruptos derroteros hacia donde se estaba encaminando.

Por eso Maeztu se aleja de la interpretación común de Don Quijote como un loco ridículo para mostrarlo como símbolo del entusiasmo espiritual y del amor idealista que trasciende la realidad material. Don Juan representa el peligro trágico de una libertad sin ley moral ni compromiso verdadero. Y La Celestina es la descomposición social y el triunfo de los intereses materiales sobre el espíritu.

Tres actitudes alarmantes que en el contexto de nuestra época actual se hace también preciso analizar y diseccionar en todo aquello que sea preciso.