La detención de un joven guipuzcoano de la Red 764 ha puesto sobre la mesa, con la urgencia de la concreción, el peligroso adelantamiento de la edad criminal, la de hecho, no la de derecho.
Parece como si viviéramos entre demonios y todo indica que habrá que rebajar la edad penal a los 16 años, si no a los 14, dado que los nuevos criminales son cada vez más jovencitos.
Por supuesto, adelantar la edad de responsabilidad penal eso no acabará con el mal, con la crueldad reinante y creciente. Con eso sólo puede terminar la vuelta de Cristo (o a la Segunda Venida de Cristo, pero dejemos eso), es la única forma civil de combatir un maldad que ha invadido incluso la edad de la inocencia, la infancia, y que, además, se ensaña con la debilidad.