Hoy en día, los políticos que nos gobiernan piden a “los ciudadanos de a pie”, que se sacrifiquen, trabajen, paguen impuestos y lo más importante que les voten. La suma de estos hechos junto a un fuerte hedor a vanidad política nos produce hartura, unido a la impresión de sentirnos manipulados por su total incompetencia.
Bien es verdad que dentro del saco de los políticos hay multitud de matices y escalas, sin embargo, si rascamos un poco, no se salva ninguno.
La Biblia es categórica y define a la vanidad como pecado: En Proverbios 16:18 se dice que la soberbia precede a la destrucción, y antes de la caída está la altivez del espíritu. Es decir, la vanidad y la soberbia pueden llevarnos a la ruina.
La vanidad humana que habita en nuestros gobernantes y por extensión en los poderes públicos, es capaz de distorsionarlo todo.
¿Qué deberíamos preguntarnos ante ellos? ¿qué hay más: engreimiento, ineficacia, insolvencia? ¿Son incapaces de ser competentes, de llegar a pactar convenios o ni siquiera de mantener la palabra de aquello que nos prometieron?
La palabra vanidad proviene de ‘vanus’: hueco, ilusorio, ineficaz e incluye al ego, ese animalito huérfano, que tantas personas adoptan; el ego, ese deseo de ser apreciado a toda costa que necesita de continuo ser alimentado y corroborado por el elogio de los demás
A los políticos les importa muy poco la verdad, los ciudadanos o el bien común. Siempre que los escuchemos aplicar la palabra “yo” en sus arengas, caeremos en la cuenta de que es una palabra imprecisa, dañina, mal utilizada desde las altas esferas del poder y que nos lleva por un desierto social donde caminamos entre las sombras
La palabra vanidad proviene de ‘vanus’: hueco, ilusorio, ineficaz e incluye al ego, ese animalito huérfano, que tantas personas adoptan; el ego, ese deseo de ser apreciado a toda costa que necesita de continuo ser alimentado y corroborado por el elogio de los demás. El ego que fuera de ahí, no existe y se convierte en un acompañante trivial y vacío.
En la actualidad, las redes sociales juegan un papel trascendental en la vida de muchas personas y por desgracia en su cerebro; por medio de los famosos “likes” (me gusta) les descargan grandes andanadas de hormonas de la felicidad: serotonina, dopamina, endorfinas, todas ellas potencian los egos por medio de la aprobación ajena y hacen vivir al individuo, esa experiencia como premio, sin percatarse de la brutal dependencia psicológica que la industria digital le crea.
La personalidad, el sentir humano, queda reemplazada por imágenes virtuales que necesitan ser de continuo reforzadas. La ausencia del “like”, su vacío, crea angustia vital en el político y la mayoría de los partidos y de la sociedad actual gira y se afianza en torno a los medios de comunicación y su poder.
La vanidad siguiendo esta pauta, es un amor exagerado hacia uno mismo, que implica la incapacidad de reconocer el valor de los demás
No hay nada peor que “pasar inadvertido”. La mirada del semejante y su aprobación adquieren cada vez mayor importancia: mandatarios, estadistas necesitan esa fama y esa aquiescencia y el descenso “en su cuota de seguidores” desplazaría al candidato hacía una muerte político-social que puede ser crítica para el vanidoso.
El famoso “Ser o no ser...” en el soliloquio del Hamlet de William Shakespeare (alrededor del 1600) y el “Pienso, luego existo” (Cogito ergo sum) de Descartes (Discurso del método 1637), ambos ya se adelantaban, con una salvedad, a nuestra época: No es solo “el ser o el pensar” ahora necesitamos “mostrarnos, que nos vean” y sobre todo que con un “me gusta” nos lo reconozcan y digan.
La vanidad siguiendo esta pauta, es un amor exagerado hacia uno mismo, que implica la incapacidad de reconocer el valor de los demás. Eso no quiere decir que no podamos tener buen concepto de uno mismo, sino que no exageremos o nos endiosemos sobre el valor que nos auto-adjudicamos.
Concluyendo: el protagonista trata de que ante cualquier hecho realizado le admiren y de que le pregunten y le feliciten en exclusiva por “lo suyo”.
Begoña Ansa Garmendia
De La Academia Literaria Hispana