La pasada semana les hablábamos de la última salvajada en Países Bajos: el ministerio de Salud confirmaba la primera eutanasia de un niño de entre 1 y 12 años. Este era sólo un ejemplo del plano inclinado o pendiente deslizante de la eutanasia, muy difícil de parar, que provoca que la vida no tenga ningún valor. Y les decíamos que España ha sido el último país en aprobar la eutanasia, por lo que podemos echar un vistazo a qué ocurre con nuestros colegas criminales del resto de países y adivinar cómo acabaremos.
Lo hemos repetido, con la eutanasia siempre se va a más. Se empieza permitiéndola sólo en casos excepcionales y por voluntad propia, pero se termina aplicándola sin restricciones, a cualquier persona e incluso en contra de su voluntad, y de manera especial a los más débiles y vulnerables: enfermos mentales, ancianos, discapacitados sobre todo intelectuales.
Y hoy martes 30 de junio El Mundo trae un testimonio que demuestra lo dicho: "Pilar López de la Torre, de 72 años, padece un trastorno psiquiátrico desde hace décadas, tiene reconocida una discapacidad del 92% y, según la familia, lleva cuatro años inmersa en un progresivo deterioro físico y psicológico provocado por un dolor crónico que no consigue controlar. En ese tiempo ha protagonizado numerosos intentos autolíticos, el último de ellos hace apenas unas semanas".
En teoría, la psiquiátra de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid) debería ayudar, pero no en el sentido en el que lo hizo. Y es que, la hija de Pilar descubrió, tras contárselo su madre, que la doctora le había hablado de la posibilidad de solicitar la eutanasia: "Le pregunté cómo había tenido la poca vergüenza de decirle eso a una persona que estaba ingresada porque quería morirse. Me respondió que era una alternativa y un derecho que tienen todos los pacientes".
La hija ha presentado una reclamación ante el Servicio Madrileño de Salud y denuncia el episodio y lo que considerar errores asistenciales en los últimos cuatro años.
"Me dijo que el primer día la doctora le preguntó por qué hacía esas cosas y que existían otras alternativas. Entonces le habló de la eutanasia. Mi madre le preguntó qué opinaba ella y le respondió que era una posibilidad. Mi madre le dijo que no, que no quería eso". Además, detalla en la reclamación que, cuando la doctora planteó la eutanasia, su madre presentaba una "elevada vulnerabilidad emocional e ideación autolítica activa", lo que hace del todo inapropiada la propuesta.
"Mi madre ingresó para que le quitaran las ganas de morir, no para salir sabiendo que existía otra forma legal de hacerlo", asegura su hija. Pero es que la hija, antes de denunciar, habló con la psiquiatra que le dijo que era un derecho y la paciente debía conocerlo. Pero es que también habló con la responsable de Psiquiatría del hospital. La jefa de sevicio tampoco veía inadecuado el comportamiento de la doctora, bajo la excusa de que es un derecho reconocido por ley.
El medio ha consultado a fuentes del Hospital Universitario de Fuenlabrada que niegan que se ofreciera la eutanasia en los términos descritos por la familia y aseguran que "la alusión a la eutanasia está absolutamente descontextualizada y fue referida en un contexto de intervención terapéutica". "Todos los procedimientos se abordan en un ámbito absolutamente profesional, con las máximas garantías y cuidados asistenciales, máxime cuando hablamos de cuadros clínicos que requieren procedimientos o actuaciones muy especializadas".