Aparece en televisión un corresponsal que nos despliega una queja por el comportamiento de la policía israelí, que no permite trabajar a la prensa. Y es que se celebraba en la Ciudad Santa el Día de las banderas. Oigamos a nuestro hombre quejoso:
-"Dicen que celebran la unificación de Jerusalén pero realmente celebran la ocupación de Jerusalén este". Pues mira, no, campeón. Celebran la unificación de Jerusalén.
A ver si nos entendemos: si vas a informar sobre Israel conviene conocer su historia reciente y no ser tan ignorante como, mismamente, un tal Pedro Sánchez, el héroe de los terroristas palestinos.
Los únicos que tienen derecho a quejarse en Tierra Santa son los cristianos, que luchan sin armas y no matan, sólo mueren o se exilian
La cosa empieza en 1948 cuando la ONU decide eso por lo que tanto protestan los palestinos, dos Estados. Los israelíes aceptan la partición, los dos famosos Estados de Sánchez pero los palestinos, el mismo día de la decisión de la ONU, atacan a los judíos para echarlos al mar. La guerra la empiezan los palestinos y la ganan los judíos.
Pasan 19 años, y los judíos se dan cuenta de que Egipto, cabeza de los seis países árabes coaligados contra Israel, deciden acumular tropas en la frontera, para una invasión, mientras palestinos y jordanos se preparan a avanzar desde Jerusalén este hacia toda la ciudad.
Es la Guerra de los Seis Días que inician los árabes pero en la que nuevamente se adelanta Israel, que destruye la aviación egipcia antes de que ésta despegue. Es la guerra de los 6 días, en la que, desde Jerusalén Este, palestinos y jordanos intentan tomar la Ciudad Santa.
De nuevo vence Israel que toma Jerusalén Este y amplía el tamaño de su Estado a costa de sus atacantes.
Por tanto, querido colega, con la Fiesta de las Banderas, Israel festeja, en efecto, la unificación de Jerusalén tras un combate donde, ni en las fronteras de Palestina ni en Jerusalén Este -el otro Berlín, tras la II Guerra Mundial- fueron los judíos quienes iniciaron las hostilidades, sino los palestinos y sus aliados internacionales. Los judíos se adelantaron en los combates, cierto, pero para detener una invasión perfecta, aunque no exitosamente, programada.
Aquí, los únicos que tienen derecho a quejarse en Tierra Santa son los cristianos, que luchan sin armas. Los judíos combaten contra los árabes, ciertamente, pero de las tres confesiones monoteístas, es la cristiana la que nunca mata pero muere, la que es marginada y la que es condenada al exilio.
Vuelve el sionismo a Tierra Santa... y vuelve el odio a Cristo en Tierra Santa. El odio de los musulmanes, tanto a judíos como a cristianos, no vuelve: siempre ha estado ahí
Y cuidado, porque desde que Netanyahu manda en Israel, el sionismo se ha impuesto en la clase dirigente y ahora no sólo se persigue a los elementos palestinos que golpean y se esconden sino también a los cristianos, en Israel y en el Líbano.
Pero los corresponsales españoles en la zona no se preocupan ni un adarme de la dura situación de los cristianos en Tierra Santa. Respecto a la batalla entre israelíes y palestinos han decidido que aquellos son los atacantes y éstos los atacados. En 2026, con el sionista Netanyahu al frente, realmente es así, pero durante medio siglo no ha sido así, ha sido justo al revés.
Vuelve el sionismo a Tierra Santa... y vuelve el odio a Cristo en Tierra Santa. El odio de los musulmanes, tanto a judíos como a cristianos, no vuelve: siempre ha estado ahí.