Sr. Director:
Una nueva moda cultural se está difundiendo entre nosotros; jóvenes -y algunos, no tanto- que se denominan “therians”. Este término viene del griego; idioma en el cual se llama theríon a un animal como la Bestia. En el Libro del Apocalipsis, que cierra el Nuevo Testamento, aparecen dos Bestias, una del mar y otra de la tierra. La tradición cristiana menciona a la Bestia, que es Satanás, el Demonio. Por extensión, se llama Bestia a los grandes perseguidores del cristianismo.
Vayamos a los “therians” que son estas personas que se "autoperciben" como animales, y se visten con algunos atributos animalescos, como también adoptan actitudes del reino inferior. ¿Cómo puede explicarse esto? Se trata de un desajuste de la autopercepción. Lo normal es percibirse como se es, en el propio ser personal y como parte de la comunidad a la que se pertenece; vale decir, como ser humano, miembro de una familia y de una nación. Decía yo al comienzo que se trata de una nueva moda cultural, y se explica por el contagio y la imitación. Los medios de comunicación han registrado este fenómeno durante el reciente carnaval, y en especial en algunos barrios de la Ciudad de Buenos Aires. El comienzo de las clases en los establecimientos escolares puede favorecer la normalización, apoyando la obra de las familias, en las que se transmite la realidad humana, de generación en generación. La familia y la escuela deben disipar las ilusiones de los jóvenes; y es una ilusión la de autopercibirse como no se es.
La Iglesia posee un magisterio varias veces secular sobre el ser humano, al cual orienta hacia Dios, Creador y Redentor. La verdad central de la fe cristiana es la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Dios se ha enamorado de lo mejor de sus criaturas, y entonces el Hijo eterno se encarna en el seno virginal de María; se hace hombre y vive la vida de los hombres. Así ha dignificado la condición humana.
La historia registra diversas etapas de realización de la condición humana y los conflictos entre los pueblos. Ahora los más adelantados escrutan los secretos del universo, y se mira a la colonización de la Luna y de algunos planetas, como si la Tierra ya resultara chica para contener la expansión humana. Con los siglos, se han sucedido revoluciones y guerras; la paz es un bien ansiado y nunca alcanzado en continuidad y plenitud. La predicación de la Iglesia invoca la paz como un don de Dios, que hay que asegurar con una voluntad firme. La máxima autoridad eclesial trabaja en favor de la paz entre los pueblos, aun los no cristianos; así ha sido históricamente, y se ha visto en las dos grandes guerras del siglo XX.