Decía Juan Pablo II a los curas que las horas de confesionario, aun cuando no acuda nadie, son horas de apostolado.  

Y luego está lo de aquel veterano del trato con Cristo, que viendo el tiempo que un cura pasaba en el confesionario sin que nadie acudiera, decidió acudir él; cuando salió, había cola esperando.

Es cierto que el pecado del siglo XX es la pérdida del sentido del pecado pero también lo es que ese sentido se recupera en cuanto el hombre se detenga a pensar unos minutos y se contemple tal cual es. Porque hay que ser muy cretino para detener el tiempo y no darse cuenta de cómo somos y cómo nos comportamos.  

Los confesionarios no pueden seguir criando telarañas. Pero ojo, por ambos lados, porque no sólo crían telarañas en el reclinatorio del penitente sino también en la silla del penitenciario. Sí, del cura. Lo que cuesta que algunos sacerdotes se sienten en el  confesionario.

Si quieren comprobar si un cura, o una parroquia, funciona o no funciona es sencillo: miren cuántas horas pasa en el confesionario

Sí pero no hay que confesar durante las eucaristías, norma extendidísima en, por ejemplo, España ¿No durante la eucaristía? ¿Y usted que sabe si el penitente está incumpliendo el precepto dominical o bien piensa acudir a la misa siguiente, o ha acudido a la anterior?

A la pega habitual, la de "yo sólo me confieso ante Dios", hay que responder lo siguiente: es fácil humillarse ante Dios, lo difícil es humillarse ante un hombre. Además, sólo oyes a Dios cuando le escuchas, al hombre tienes que escucharle, quieras o no. Créeme: te conviene escuchar al confesor, que no está allí para aplaudirte.

En todo caso, lo propio de la Semana Santa que ahora comienza es la penitencia. Curiosamente, son los días en que menos se confiesa de todo el año.

Leon XIV debe hablar de la confesión, por ejemplo en Cuaresma. A los fieles para que se confiesen y a los sacerdotes para que confiesen. A fin de cuentas, recuperar la confesión sacramental y la capacidad de arrepentimiento es la prioridad de la Iglesia actual.

Si quieren comprobar si un cura, o una parroquia, funciona o no funciona es sencillo: miren cuántas horas pasa en el confesionario.