Singapur, uno de los países más ricos del mundo y uno de los estados con más baja natalidad del mundo, ha decidido implantar el salario maternal, que llevamos defendiendo en España como la prestación pública más importante en el siglo XXI.
Para que las singapurenses se animen a tener descendencia, el Estado les proporcionará 1.575 dólares por año, es decir, algo más que lo previsto en España (100 euros al mes, 1.200 euros por año, es decir, unos 1.390 dólares americanos)
Ahora bien, la gran diferencia no está ahí. La gran diferencia es que, como otros países europeos, tales como Alemania o Francia, el Estado ofrece esa cantidad hasta que el niño es mayor de edad, mientras que el rácano de Sánchez y de su ministro más filantrópico, y más caradura, Pablo Bustinduy, ofrecen 100 euros mensuales por hijo... ¡sólo hasta los 3 años de edad!
Es verdad que el salario maternal no es la solución única a la baja natalidad. No tenemos hijos por razones más lamentables: nos hemos vuelto unos egoístas que no estamos dispuestos a ofrecer nuestra vida por otros. Preferimos tener perros en lugar de tener hijos.
Todo eso es cierto, pero, desde luego, con la miseria en que hemos sumido a las nuevas generaciones, ninguna pareja se atreverá a tener familia numerosa si no cuenta con la ayuda necesaria.
Y lo malo es que si no tenemos hijos, no tenemos nada. Nuestra vitalidad ha caído en picado, y eso es, simplemente el final de una sociedad.
Lo lógico es que el salario maternal se convierta en una prioridad en términos adecuados: que el matrimonio reciba al menos la mitad del salario mínimo (aproximadamente 500 euros netos) por cada hijo y hasta que sea mayor de edad.
Porque España necesita, no sólo hijos, sino familias numerosas.