Basta con leer la nota de la Agencia Zenit para darse cuenta de que el acuerdo del Vaticano con China (septiembre de 2018), del que ahora va a cumplirse un ochenio, no sólo no ha servido para detener la persecución del malnacido de Xi Jinping, el más peligroso y venenoso tirano del mundo, contra los católicos sino que encima, ha incumplido, según costumbre, el pacto del nombramiento conjunto de obispos con tal de que el Vaticano aceptara a los sacerdotes de su repugnante Iglesia Patriótica China (una especie de división clerical del Partido Comunista) en el seno del Cuerpo Místico.
El asunto ha llegado a tal extremo que ahora el Vaticano vuelve a los nombramientos clandestinos de obispos fieles a Roma, pero debe continuar cediendo con los adefesios que Pekín propone para el episcopado, todo ello sin abandonar su repugnante Iglesia Patriótica China... y sin dejar de perseguir a los católicos.
León XIV debe romper el acuerdo con China aunque lo pague con sangre. De otra forma, la Iglesia lo pagará con confusión... y con sangre
El acuerdo del Papa Francisco con Pekín fue un grandísimo error. Para un católico es mucho mejor el martirio que la confusión. Además, la transparencia en materia espiritual no es otra cosa que coherencia entre fe y vida. Sin esa coherencia, no hay fe vivida.
A Xi Jinping pueden engañarle, al Vaticano también, pero a Dios jamás. Por tanto, no todo consenso es bueno.
León XIV debe romper el acuerdo con China aunque lo pague con sangre. De otra forma, la Iglesia lo pagará con confusión... y con sangre.