Una de las crisis del pensamiento moderno consiste en que muchos conceptos, antes claros, empiezan a vaciarse de contenido. Por ejemplo, en política, las titulaciones de 'progresista' y 'conservador'.
Para mí el progresismo siempre se ha definido con un "abajo los curas y arriba las faldas". De hecho, los progres de hoy nacieron con el Mayo Francés, en 1968, donde unos jovencitos rijosos se empeñaron en fornicar gratis, a costa de decretar la promiscuidad sexual obligatoria, todo ello como medio para modificar el injusto sistema económico... naturalmente. Lo que significa que antes del Mayo Francés se conformaban con fornicar lo que podían pero, como además de lascivos eran orgullosos, decidieron convertir la coyunda práctica en teórica revolucionaria. Como ocurrió con el nacimiento de Podemos, de lo que se trataba era de ayuntarse. Y se encontraron con el poder sin querer... y les gustó, así que se quedaron en la poltrona y se hicieron estadistas.
Naturalmente, para rellenar el fornicio con algo intelectualmente más elevado decidieron seguir aquel camino incoado por el alcalde de la II República que dirigió un mensaje a Madrid: "La revolución ha triunfado, ¿qué hacemos con el cura?". Y así, a la liberación sexual añadieron unos cuantos ministerios y unos kilos de Cristofobia.
Conservador es quien sufre Síndrome de Diógenes, aquel que todo lo conserva, hasta la basura
Recuerden: el Sanchismo es un hijo cuarentón del Mayo Francés.
Vamos ahora con Feijóo, porque la historia del conservadurismo en Europa tampoco va mucho más allá. Decía Chesterton, que no conoció a Núñez Feijoo, que un conservador puede empecinarse en conservar todo lo amarillo, sea el oro amarillo o la fiebre amarilla.
Eso, justamente, representa el presidente del PP. El gallego brama contra el social comunismo del Gobierno Sánchez, pero se resiste a decir cuántas leyes derogará cuando llegue a La Moncloa y, atención, por qué las cambiará. Da la impresión de que, como hicieron Aznar o Rajoy, no va a cambiar mucho. Y sobre todo, desconocemos por qué cosa lo va a cambiar.
Y ojo, y en este punto, Santiago Abascal, que hasta ahora se le parecía poco, empieza a parecérsele mucho... a don Alberto.
En la práctica, progresismo parece rememorar aquello de correr cada vez más deprisa hacia ninguna parte, así como lo de "abajo los curas y arriba las faldas". Conservador es el que sufre Síndrome de Diógenes, aquel que todo lo conserva, hasta la basura.
Sánchez y Feijóo. Ambos son progresistas, ergo ninguno de los dos cree en nada, Y lógicamente, caminan hacia la cristofobia…