Tengo 65 años, llevo en redacciones periodísticas desde los 20 y, a día de hoy, lo que más me preocupa de mi profesión es que la generación de periodistas a la que pertenezco -entre los 60 y los 75 años de ahora mismo-, especialmente en el periodismo económico, que, con todo respeto hacia mis colegas, ha resultado fundamental en los últimos cuarenta años, se divide hoy, 2026, en dos grupos: los jubilados y los prejubilados.
Los ánimos no andan muy altos sino más bien a ras de suelo y el lema dominante podría ser el de 'esto se acaba'. Internet llegó a España en 1995 y apareció como un vehículo de libertad de prensa que nos liberaba del oligopolio de los grandes editores. Ahora, esto parece una etapa de descanso y volvemos, por mor de la inteligencia artificial y de Google, nuestro gran enemigo, al proceso demolición: este nobilísimo oficio agoniza.
Ya se piensa en una etapa terminal del periodismo por mor de la inteligencia artificial -que sí, es un enemigo- y de las redes sociales, que no son un enemigo: son periodismo ciudadano. El enemigo es Google, la IA... y algo más
Los prejubilables buscan los años de cotización necesarios para marcharse mientras protestan, o protestamos, esto siempre, por la incompetencia de los jóvenes, pero somos nosotros, los veteranos, no los jóvenes, los que hemos convertido esta noble profesión en un pudridero agónico.
Sobre todo por dos vías, que son una sola: Internet.
O los periodistas servimos a nuestras convicciones, también con el ordenador delante, o servimos a intereses ajenos. Peor: o servimos a nuestros principios -y para eso hay que tenerlos- o servimos a nuestros deseos y caprichos
Nuestra generación ha abandonado el juicio de valor, es decir, se trata de una generación de periodistas de pensamiento difuso, sin convicciones, donde el ideario ideal de un medio consiste en carecer de ideario. Y claro, cuando se carece de convicciones, servimos a intereses ajenos.... a nuestros deseos y caprichos. Esta es la primera causa de la actual degeneración del periodismo y de los periodistas. Lo de Google es grave, cierto, pero lo peor es lo otro.
Que San Francisco de Sales nos proteja. El obispo de Ginebra sí tenía convicciones firmes y las exponía en hojas volanderas, -los primeros periódicos-, donde informaba al tiempo que hacía juicios de valor -el signo de la razón-, lo que hoy llamaríamos mezcla de información y de opinión, es decir, el mejor periodismo... porque el periodismo actual atraviesa un Estado de depresión aguda... como el conjunto de la sociedad.