Lo explica, y muy bien, la Fundación Jérôme Lejeune a la que sólo por su nombre deberíamos prestar más atención. Lean el comunicado merece la pena.

Por primera vez, una Directiva europea considera que los niños asesinados en el aborto son víctimas. Me recuerda aquella norma que un país tan ferozmente abortista como Suecia discutió: los fetos tienen derecho a ser enterrados. Porque resulta que son personas, aunque enterrar al nonato, después de permitir su muerte, pues hombre hasta el más tonto percibe la contradicción.

Es igual: son dos formas de entender que el aborto es una barbaridad, la barbaridad de la era moderna, una masacre mucho más letal que cualquiera de las barbaridades que calificamos como genocidio. Una tragedia que, encima, no se corresponde con un régimen político sino con todos: sean autoritarios, democráticos o mediopensionistas.

Y sí, las víctimas de un aborto son dos: la madre y el hijo, pero el hijo pierde más: pierde la vida. Además, la madre elige, al hijo no le dejan.