"Estar enfermo no es una elección", asegura Yolanda Díaz. Bueno, ¿y no ir a trabajar por estar un poquito enfermo o deprimido? Porque ahí sí hay elección: entre la flojera y un poquito de reciedumbre.

Pero el problema del absentismo laboral -se quiera distinguir o no de las bajas médicas, que me parece un distingo tonto- es que ha alcanzado en España unas cotas verdaderamente alarmantes, históricas, que diría la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, rozando ya el 8% de los trabajadores. Incluso una tercera parte de los obreros de baja, operan sin necesidad de baja médica.

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Otrosí: si dos terceras partes del absentismo laboral se ejercen con la correspondiente baja médica (¿No deberían ser el 100 por 100?), ¿no cabe sospechar que nos hemos vuelto muy blanditos?

Otrosí: el que no va a trabajar pudiendo hacerlo, el vago redomado, no está perjudicando a su empresa, a quienes está perjudicando también es a sus compañeros: alguien tendrá que hacer lo que él deja de hacer, además, es un secreto a voces que el vago es el que más bajas se toma y, últimamente, el que más teletrabaja. 

En todo caso, el cinismo del Sánchez, rasgándose las vestiduras en Turquía -buen sitio para rasgarse las vestiduras- resulta de lo más cínico: por encima de que las bajas sean de verdad o de mentira, ¿me quieren explicar por qué el absentismo español, como el paro, está a la cabeza de Europa? A lo mejor es que los españoles somos más dados a las depresiones, un verdadero chollo para los perezosos, pero me extraña.   

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En resumen, ¿Por qué en España tenemos tanto miedo a la evidencia? ¿Por qué somos tan vagos y tan pícaros? Dos preguntas a las que convendría responder.

Bajas laborales: el derecho a la pereza y a engañar a tu empresa y a tus compañeros. Dice Núñez Feijóo que el absentismo laboral es un cáncer en España... ¿acaso no lo es?