Si hace tan solo 25 años la economía mundial se movía en torno al carbón, planchas de acero, bienes de consumo y la euforia financiera, un cuarto de siglo después en pleno XXI hemos dado un salto cualitativo sin que apenas adivinamos hacia dónde nos lleva.
Los nuevos magnates de la economía mundial no son propietarios de nada salvo de sus plataformas digitales porque reconocen que los activos son pesados, se deprecia y genera costes de mantenimiento. En su lugar optan por el software y la propiedad intelectual. El emprendedor tradicional maneja el know-how sobre cómo fabricar su producto, mientras que el magnate de la nada domina los datos del know-who.
Ejemplos de los nuevos dominadores de la economía (virtual) hay para cansar: Amazon y eBay despachan de todo sin tener tiendas, Airbnb no tiene propiedades, Uber y Cabify no fabrican coches, Spotify no vende discos, Netflix no tiene cines, LinkedIn no tiene trabajos, YouTube no filma videos propios, TikTok no oferta sino que marca tendencias de otros, Expedia no tiene hoteles ni vuelos, Tinder no tiene parejas, Idealista no construye viviendas, Deliveroo no emplea a chefs de cocina, App Store no desarrolla apps, Tripadvisor no tiene restaurantes, X no es un partido político pero es el nuevo hemiciclo donde provoca debate político, PayPal no tiene bancos ni cajeros automáticos y Wallapop y Vinted exponen de todo en el C2C de segunda mano.
Asistimos pues a un vuelco de la economía real por otra virtual en internet, donde pese a “la nada” domina el tráfico comercial de billones de dólares por los cinco continentes. Al final cada magnate en su sector no paga nóminas por sus contenidos ajenos (bienes y servicios presentados en pantalla) sino por mantener una plantilla que hace posible la intermediación, el trueque, a cambio de una comisión (por transaccionar entre el ofertante y el consumidor final) y una tecnología que mueve algoritmos para despertar nuestro interés.
Los nuevos magnates de la economía mundial no son propietarios de nada salvo de sus plataformas digitales
Qué listos son. Y los “cromañones" en política sin darse cuenta de nada ni de la nada por insistir en agarrarse a lo viejo, lo analógico, porque quieren que siga funcionando como siempre sin darse cuenta del corrimiento de las placas tectónicas. Y eso que aún no ha irrumpido la IA con toda su potencialidad hacia nuevos designios jamás vistos.
Abrir una boutique de lo que sea en una milla de oro o montar un mercadillo en la plaza del pueblo como en la Edad Media para atraer a comerciantes locales y compradores es lo que en pleno siglo XXI algunos pretenden perpetuar a cambio del pago de una tasa municipal por ocupar suelo público. En internet por contra, el mundo se postra a nuestros pies, así de simple, fácil y complicado a la vez: sin apenas molestos comerciales, limitaciones de idiomas y franjas horarias.
Gracias a internet, esa feria no cierra nunca y abarca todo el planeta. Para hacer caja, nos ha demostrado que en el entorno digital no tenemos que ser dueños de nada. En la era de la “nada” real quien controla la distribución, dicta las reglas.
En un mundo saturado de oferta, el problema ya no es fabricar un producto, sino conseguir que alguien lo encuentre, lo desee y lo agregue a la cesta de la compra. Las plataformas digitales han resuelto este caos confuso convirtiéndose en el "peaje" obligatorio entre el creador y el consumidor, haciéndose de oro por exprimir la creatividad del negocio, atrayendo cada vez más anunciantes y cada vez más usuarios en sus respectivas apps. En el segmento B2B, tal vez llegue un día donde en internet se subasten públicamente los precios.
Montar una fábrica de coches de combustión o eléctricos para alimentar una red de concesionarios cuesta un dineral, pero alquilar un vehículo de forma puntual a través de las numerosas plataformas de alquiler y movilidad es una opción cada vez más practicada que hace ganar dinero al intermediario.
Muchos Business Plan se enseñan en la Business School, pero no hay nada como la cruda realidad de la inventiva disruptiva de los más creativos emprendedores, a pesar de la política que no se harta de constreñir, hiper-regular y hasta sancionar cuando interesa. Hasta las guerras son virtuales a través del manejo de ciberdatos, drones teledirigidos y no del envío de divisiones de la infantería.
No nos debe extrañar, que haya fuerzas políticas por eso que algún día pretendan declarar a los “gigantes de la nada” en “utilities reguladas” como han hecho con el agua, la luz, el gas, etc. para controlarlas fiscalmente, hasta convertirlas en piezas de infraestructura aburridas y vigiladas por el Estado.
Muchos 'Business Plan' se enseñan en la Business School, pero no hay nada como la cruda realidad de la inventiva disruptiva de los más creativos emprendedores
Y cuando en esta orla se anuncia por ejemplo el Euro digital, que se implantará si o sí, hay legiones de opositores analógicos que dan fe de sus amenazas para el individuo aunque la economía se vaya volviendo cada vez más virtual y el riesgo externalizado. Si algo se estropea en un coche o en una vivienda en una de estas plataformas digitales, no son los respectivos operadores sin activos quienes tengan que arreglarlo sino los propietarios con título de propiedad.
En la era de la economía de plataformas debe haber quedado claro que el valor ya no reside en la propiedad del activo, sino en el control de la conexión, del trueque con el ratón o el móvil.
Llegados a este punto, llevo tiempo exponiendo que la crisis de la automoción (y posiblemente de más industrias) no se resuelve sustituyendo la compra de los coches de combustión fósil por otros eléctricos, sino mutando el título de propiedad por otro de uso puntual y esporádico que va a trastocar el concepto de movilidad general. Cada vez somos más en el planeta, que hará necesario al paso que vamos de más carreteras y autopistas para cada vez más vehículos que contaminan (aún no existen coches de carbono cero), y arriesgan accidentes mortales por exceso de velocidad o mal estado del asfalto mientras expulsan a los vecinos de las ciudades al extrarradio.
Parece que el dinero hoy no está en el esfuerzo de crear, sino en la inteligencia de conectar una oferta con una demanda global
Nos dirigimos pues a una economía de fácil clic (acceso) y wifi en lugar de grandes activos tangibles. Ya no compramos el disco, pagamos la suscripción. Ya no compramos el software, pagamos la licencia mensual, y en el coche, pese a lo lacerante que sea, pasará algo parecido.
Históricamente, para mover 1.000 millones de dólares/euros se necesitaban miles de empleados y varios centros fabriles. Hoy, WhatsApp movía miles de millones de mensajes con apenas 50 ingenieros cuando fue comprada. Si en siglo XX la clave estaba en tener la llave de la fábrica, en el XXI el poder reside en ser la cerradura (y si es inteligente, mucho mejor).
Parece que el dinero hoy no está en el esfuerzo de crear, sino en la inteligencia de conectar una oferta con una demanda global. Porque en la red, el que organiza el tráfico es quien finalmente decide quién llega a su destino y, sobre todo, cuánto cuesta el viaje.
Los “magnates de la nada” tal vez no poseen el mundo entero (todavía) pero se han hecho dueños de momento del mapa. Mientras EEUU nos lleva una ventaja sideral, habrá que ver qué hacen con la nada en Europa los legisladores y las cotizadas del EuroStoxx y del Ibex.