Este es un texto que está corriendo por las redes sociales, desconozco su origen:
"La maniobra del Gobierno para suprimir en la Sanidad Pública a los Capellanes de Hospitales, ha generado preocupación. Me piden fomentar la difusión de este mensaje: "Queridos amigos: os ruego que os toméis la molestia de reenviar este texto en petición de que los capellanes no se retiren de los hospitales. Morirse sin consuelo espiritual debe ser lo peor que le puede pasar a un cristiano creyente. Te ruego, que si lo consideras, te tomes la molestia que me estoy tomando yo y lo pases a tus contactos, que como los míos, serán gente de bien. Es lo único que podemos hacer los que no somos personas influyentes. Un abrazo fraterno".
¿Es cierto? Sí, es cierto aunque no riguroso. Recuerden que hay algunos que pensamos que este mundo en red en el que vivimos, ha propiciado que muchas veces, verdad y rigor, antes sinónimos, se hayan convertido no en algo diferente sino, en ocasiones, hasta en antitéticos, al enfrentar la literalidad y el significado.
Digamos que la realidad en España es como sigue: la gestión de la asistencia religiosa católica en los hospitales públicos españoles sigue regulada, principalmente, por acuerdos del Estado con la Santa Sede (1979) y convenios específicos que son gestionados por las Comunidades Autónomas, no directamente por medidas generales del Gobierno central de Pedro Sánchez.
Es decir, Sánchez está consiguiendo, sin regularlo, sin forzar, que los capellanes desaparezcan de los hospitales. Más por costumbre que por coacción legal.
Y lo peor es que la gente tampoco recibe asistencia espiritual en su casa, en parte porque hay pocos curas y en parte porque nos hemos olvidado de morir en cristiano.
Lo que nos lleva, una vez más, a la frase más actual del mundo presente: "Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".