Se llama Andrés, tiene 86 años. Vive en la calle, al no poder pagar un alquiler. Cuenta cómo se alimenta a base de fiambre. Pide una vivienda asequible porque, explica, siempre ha salido adelante por sí mismo. Ahora, aunque se confiesa optimista, reconoce que sus ánimos están por el suelo.
— Rhaenyra Targaryen (@Rhaenyralacasad) May 7, 2026
Y en Cataluña, para Montse y Jordi, más de lo mismo, viven en un coche porque, al igual que Andrés, tampoco pueden pagar un alquiler.
Montse y Jordi viven en un coche, no pueden pagar el alquiler.
— Guaje Salvaje (@GuajeSalvaje) May 8, 2026
Cuando pidieron un piso de emergencia les exigieron todo tipo de documentación: igualito que a los que llegan en patera.
El "progresismo": prioridad para los de fuera y nada para los de casa.pic.twitter.com/G0q1FD4Bku
Una vez más, el periodismo ciudadano, el de las redes sociales, contrasta situaciones como la de Andrés, Montse y Jordi con el lujo con el que se aloja a inmigrantes ilegales, en hoteles de hasta cuatro estrellas.