Me dicen que la frase viene de Yo soy Betty, la fea, un novelón de mucho preocupar, pero ha saltado a la palestra con motivo del juicio contra Facebook, por fomentar la adicción. Y ha saltado este testimonio -nos sobran testimonios y nos faltan testigos- de las arremetidas judiciales contra el tontainas de Mark Zuckerberg. Se concreta así: “Veo los perfiles de otras chicas (ya saben, en la ‘Intené’) y me doy cuenta de que nadie podrá amar a alguien tan fea como yo”. Y claro, no queda otra opción que el suicidio. 

Oiga, ¿y qué culpa tiene Facebook de que haya chicas más guapas que esta? ¿Escondemos a las guapas para que no se suiciden las feas? 

Además, antes de que se inventara Facebook y demás redes sociales, ¿nuestra fea no conocía a chicas más atractivas que ella? Para ver mujeres hermosas no hace falta estar en redes sociales, basa con salir a la calle.

Facebook no es culpable... de esto. De otras muchas barbaridades, sí. Por ejemplo, de pretender imponer el pensamiento único cristófobo. Pero de esto no, y de crear adicción entre los adolescentes, tampoco... como el bodeguero -fermentador o destilador- no es culpable de las cogorzas del sábado noche. El culpable es el borracho.

¿Que está pasando? Pues lo de aquella vieja película sobre un asesino ruso que llega a Estados Unidos y exclama: “Me encanta este país: nadie es culpable de nada”. Lo mismo ocurre en Europa: lo que importa no es solucionar las cosas sino encontrar un culpable para nuestros males. A ser posible uno con capacidad indemnizatoria.

En el fondo, el juicio contra Facebook no deja de ser una secuela del gran mal de nuestra sociedad actual, ese disolvente del ser humano que se resume en las siguientes y malhadadas palabras: “Yo no me arrepiento de nada”

Pero dejémoslo en Yo soy Betty, la fea o nos iremos demasiado lejos.