Mucho se ha escrito, comentado y criticado en Europa sobre los reiterados casos de asesinatos y homicidios cometidos en los EEUU por la facilidad de acceso a armas de fuego de todos los calibres en el país. EE.UU. figura como la nación con más armas por habitante del mundo, con un promedio de 120 por cada 100 ciudadanos, hasta superar los 500 millones de unidades.

La opinión pública europea y sus políticos aprovechan la ocasión para hacer gala de los estándares de seguridad en la UE. Sin embargo obvian que de un tiempo atrás cada vez son más frecuentes en la vieja Europa, las reyertas, atentados y asesinatos de inocentes por parte de autores de rostro y origen migrante con arma blanca. El penúltimo caso el cometido por un magrebí en Esplugas del LLobregat (cerca de Barcelona) contra una paseante de 46 años en uno de los barrios más pijos de España, al grito de “Alá es grande”, con la complicidad de las autoridades y medios de ocultar, una vez más, en un principio la identidad del terrorista. El arma empleada para degollar a la víctima es la opción preferida por los radicales islamistas: el machete. Hay políticos en España que a ciertos asesinatos por parte de criminales extranjeros lo llaman “accidente laboral”. 

Pero como el ejemplo en Barcelona -algunos de sus barrios están tomados por clanes y bandas de migrantes armados de navajas, cuchillos, machetes y otras armas blancas-, es una tónica cada vez más extendida por Europa sin que se tomen serias medidas correctivas, legales y penales como la opinión pública europea espera de las armas de fuego.

Si nos ceñimos a los datos, estos son tercos y desdibujan la sensación de seguridad europea. En España, se incautaron más de 9.100 armas blancas en 2023, manteniendo un ritmo superior a las 25 intervenciones diarias durante el primer semestre de 2024, siendo Cataluña quien se lleva la palma de oro. De acuerdo a ciertas fuentes, parece ser que el 40% de los homicidios registrados en nuestro país se llevan a cabo con alguna arma blanca.

En Francia, la región de Île-de-France registró un aumento del 9% en incautaciones solo en el último año, superando las 6.500 unidades. Por su parte, Alemania cerró 2024 con una cifra alarmante cercana a los 30.000 ataques registrados con cuchillo, un máximo histórico que ha forzado al gobierno federal a endurecer las leyes en espacios públicos aunque sin mucho éxito aparente. Y el Reino Unido se lleva la palma, con 50.000 delitos con un arma blanca o instrumento punzante. Se calcula que casi el 40% de los asesinatos en suelo británico se cometen con cuchillos o machetes, frente al bajísimo porcentaje de armas de fuego (debido a su estricta prohibición).

Convivimos con la paradoja de la moralidad fingida y un prisma selectivo en Europa. Cosas de El Manual. Existe una extraña permisividad ética hacia el afilado cuchillo frente al pánico condenatorio que genera la pistola o el rifle. Parece que una muerte por arma blanca es percibida como un "suceso marginal" o un problema de convivencia, mientras que un asesinato por arma de fuego es una crisis sistémica. Sin embargo, para la víctima, el resultado es el mismo: dejar de existir en contra de su voluntad a manos de un criminal al que encima tanto autoridades como los medios tratan de quitar hierro (como en el caso de Alemania por calificar a frecuentes homicidas de padecer algún “trastorno mental” o estar en tratamiento psiquiátrico). 

Un homicida es un homicida y más cuando grita la consigna del islamismo radical. Que además haya proliferado el uso de armas blancas en Europa desde la apertura de las fronteras en el 2016 en tiempos de Merkel y el efecto llamada de la regularización masiva actual de Sánchez, es un síntoma más de la doble moralidad europea. 

Ante EE.UU., los europeos ejercemos una crítica feroz a su cultura armamentística. Pero ante el espejo de Europa, aplicamos un silencio sepulcral o una tendencia a minimizar el problema para no alimentar ciertos discursos (a los que la izquierda tilda de fascistas,  xenófobos y ultraderecha), a pesar de que las incautaciones no dejan de crecer.  

Otra razón adicional: Desde el punto de vista legal, mientras que en Norteamérica la batalla es por limitar un derecho constitucional (segunda enmienda), en España el Reglamento de Armas es uno de los más restrictivos del mundo. No obstante, esa misma ley se enfrenta hoy a una realidad de "baja intensidad": armas baratas, fáciles de ocultar y de acceso universal. La seguridad no es una cuestión de ideología, sino de la firmeza con la que una sociedad decide que ningún arma (de fuego, blanca o del tipo que sea), tenga cabida en la sociedad que además pregona a los cuatro vientos el pacifismo como principal estandarte de tolerancia y  convivencia.

Tantas simpatías por la seguridad y la vida de las personas, y si hacemos caso a ciertos mentideros, seguro que Pedro Sánchez luchará por la causa y el manejo de armas después de renunciar a su reelección en la Moncloa en el 2027 para aspirar a presidir la OMS (Organización Mundial de la Salud), tras multiplicar sorprendentemente más de 160% las aportaciones de España en tiempo récord desde el 2022 y estar en el podio mundial. No da el perfil sanitario que requiere el puesto, pero ya conocemos a Sánchez nombrando a sus ministros. Menudo disgusto para Mónica García. El piensa que desde ese cargo internacional puede escudar la salud y vida de él y de todos los humanos, hasta las víctimas por machete.