Ayer, en su segundo día de visita en Argelia, el Papa León XIV celebró Misa en la Basílica dedicada a San Agustín, en la ciudad de Annaba, en lo que alguna vez fue Hipona, la diócesis de este santo obispo.
En la homilía, el Santo Padre se refirió a los "queridísimos cristianos de Argelia: permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven. La presencia de ustedes en el país trae a la mente el incienso: un grano incandescente, que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas. Ese incienso es un elemento pequeño y precioso, que no está en el centro de la atención, sino que invita a dirigir nuestros corazones a Dios, animándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente. Del incensario de nuestro corazón se elevan, en efecto, la alabanza, la bendición y la súplica, difundiendo el suave olor (cf. Ef 5,1) de la misericordia, de la limosna y del perdón. Su historia está hecha de acogida generosa y de tenacidad en la prueba; aquí han orado los mártires, aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente. Sean herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvación para el mundo".
Concluyó su homilía así: "Considero este viaje como un don especial de la Providencia de Dios; un don que, a través de un Papa agustino, el Señor ha querido otorgar a toda la Iglesia. Y me parece poder resumirlo así: Dios es Amor, es padre de todos los hombres y de todas las mujeres. Dirijámonos a Él con humildad y confesemos que la situación actual del mundo, como una espiral negativa, depende en el fondo de nuestro orgullo. Necesitamos de Él, de su misericordia. Sólo en Él encuentra paz el corazón humano y sólo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos como hermanos, recorrer los caminos de la justicia, del desarrollo integral y de la comunión. Gracias, ¡muchas gracias a todos!".
Por la mañana, el Pontífice visitó la Casa de Acogida para Mayores de las Hermanitas de los Pobres, también en Annaba, donde les dirigió estas palabras: "Les agradezco por recibirme en esta casa. Estoy contento porque Dios habita aquí, porque donde hay amor y servicio, allí está Dios. Agradezco a las Hermanitas de los Pobres y al personal de esta residencia. Gracias, Madre Filomena, por la bienvenida que me ha brindado. Gracias, Monseñor Desfarges, por sus palabras, por sus conmovedoras palabras. Escuchándolo y viendo su presencia aquí en medio de los hermanos y hermanas ancianos, surge espontáneamente la alabanza y el agradecimiento a Dios. Como hizo Jesús aquel día, en el que, estremecido de gozo por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido» (Lc 10,21).Agradezco al señor Salah Bouchemel su testimonio, tan hermoso y consolador. Pienso que el Señor, desde el cielo, viendo una casa como esta, donde se busca vivir juntos en fraternidad, puede pensar: ¡pues hay esperanza! Sí, porque el corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz, cada día. Como tratan de hacerlo ustedes aquí en el servicio cotidiano, en su amistad y en la vida comunitaria".
Hoy 15 de abril, el Santo Padre viaja a Camerún, donde mantendrá un encuentro con con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio Presidencial, a las 17:00 hora local (18:00 hora española). Y posteriormente visitará el Orfanato Ngul Zamba.