Tras Barcelona -mucho mejor que Madrid, como bien nos ha recordado el ministro-malote, Óscar Puente- el Papa León XIV se fue a Las Palmas de Gran Canaria. Primera parada en este viaje maratoniano: el puerto de Arguineguín.
Su primer acto consistió en escuchar testimonios acerca del drama de la inmigración. Drama de la inmigración con testimonios realmente duros sobre lo que sufren los inmigrantes ilegales.
Es más, en este caso, y de forma bien distinta que durante su viaje a África, León centró su discurso, tras escuchar varios casos límite, en el haz, que no en el envés, de la inmigración. Es decir, en la obligación cristiana de atender al que llega, sí, con una mano delante y otra detrás o, antes, de salvarles de morir ahogados.
En África, sin embargo el Papa les dijo a los países emisores de ilegales algo muy distintos: que emigrar es malo, que lo propio del ser humano es desarrollarse en su propio país, con su propia gente, en su propia cultura, no en un mundo que le es extraño y del que no conoce ni el idioma. Es más, León aseguró en el continente negro que lo mejor, salvo caso de persecución, era no emigrar y sacar adelante tu propio país.
Además, también en África, el Papa, aunque defendió las dos primeras tesis, añadió una tercera, yo no he dicho que hay que aceptar a todos los inmigrantes: hay que ayudar al que llega a Europa, sí, pero un país tiene el derecho de regular el flujo migratorio y poner límites.
Un espejo de la situación: el testimonio más duro, más descorazonador: "soy nigeriana, no podía vivir en mi país. La mafia me dijo que me llevaba a Canarias, Europa". Pero que ella asumía una deuda de 25.000 euros. "Durante la travesía me violó un mafioso y me quedé embarazada. Me quitaron a mi bebé y me obligaron a prostituirme hasta que pagara, me lo devolvieron años después".
Terrible, sin duda. ¿A esa mujer debemos ayudarla en España? Sin duda. Pero ahora, en frío, analicemos la situación:
1.Nigeria es el cuarto país productor de gas del mundo y el decimoquinto en petróleo. Podía ser un país rico, de hecho lo es, donde nadie tuviera que arriesgar su vida montándose en un cayuco que no se sabe si llegará a Canarias. Nadie tendría que emigrar en Nigeria.
2.A todo esto, las mafias pasan inadvertidas en esta cuestión migratoria. Lo lógico sería que Europa ayudara a, pongamos, Senegal, bajo la siguiente admonición: a ver Gobierno de Senegal, o de Nigeria, o de Mauritania, o de... mete en la cárcel a todas las mafias y, a cambio, yo no sólo te apoyaré financieramente sino que, además, formaré a tus trabajadores, bien para que creen pequeñas empresas allí, o bien para que trabajen en Europa.
Y eso sí, suspenderé toda ayuda si tú no controlas a las mafias de trata. ¿O es que la mayor mafia de Nigeria, o Senegal, o Mauritania, eres tú, gobierno de Nigeria o de Senegal?
Insisto, la emigración es mala de suyo. Comprendo que el Papa se preocupe del dolor de las víctima pero, ¿verdad que en España, o en cualquier otro país europeo, no nos conformaríamos con ayudar a la víctima de un hecho violento sin tan siquiera juzgar y si es caso encarcelar a su verdugo?